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Cambiar el discurso: una visión objetiva

Autor: Juan Manuel Hernández Niebla

En días recientes, el Presidente Peña Nieto emitió un mensaje en representación de todos los mexicanos dirigido a Donald Trump, en el que por primera vez hizo referencia a las actitudes amenazantes e irrespetuosas del personaje hacia nuestro país.

En el mismo, lo invitó a dialogar en buena fe y con espíritu de cooperación, uniéndose a las condenas que previamente habían expresado tanto el Senado de la Republica como los candidatos presidenciales por las expresiones hostiles, ofensivas y denostativas del presidente norteamericano hacia los mexicanos.

Finalmente, Peña refrendó la disposición del gobierno federal para alcanzar acuerdos emprendiendo acciones conjuntas con el gobierno norteamericano, en un marco de respeto mutuo y benéfico para ambas naciones.

Pocos pronunciamientos del Presidente Peña han tenido un eco tan positivo entre toda la sociedad, independientemente de partidos políticos e intereses particulares.

“Si sus declaraciones derivan de una frustración por asuntos internos de sus leyes y Congreso, diríjase a ellos, no a los mexicanos. No vamos a permitir que la retórica negativa defina nuestras acciones”, concluyó el presidente mexicano.

En pocas palabras, lo invitó a alejarse de la retórica antimexicana utilizada hasta la fecha para generar conflictos que diluyen sus problemas domésticos, como ha sido característica de su actuar.

De esta manera, el presidente mexicano, dejando atrás la actitud sumisa y conciliadora del pasado, respondió al reclamo de la sociedad mexicana, que desde hace mucho tiempo exigía una actitud firme en defensa de la dignidad nacional, poniendo un alto a la creciente insolencia del presidente norteamericano.

De más está decir que el cambio de discurso del mandatario mexicano y su exhorto a la unidad mexicana son dignos de reconocimiento y respaldo.

Sin embargo, para consolidar el apoyo nacional a esta postura es necesario llevarla a acciones que hagan ver a la parte norteamericana la imperiosa necesidad de un respeto mutuo.

Y de ser necesario, suspender las acciones de cooperación en materia migratoria, narcotráfico y terrorismo, y en un grado extremo las negociaciones del TLCAN. No se puede negociar absolutamente nada en medio de descalificaciones e insultos.

El presidente norteamericano tiene que estar consiente que somos nosotros los que cuidamos la frontera con los Estados Unidos, no la Guardia Nacional de su país.

Por otro lado, el presidente Peña Nieto debe entender este es el gran factor de unión que los mexicanos estábamos esperando de su liderazgo.

Este es el momento de dejar a un lado las visiones triunfalistas o derrotistas que nos tienen divididos, con intereses ajenos al bien común de todos los mexicanos.

Esta es la oportunidad de demostrar una madurez republicana con un diagnostico objetivo amarrado con compromisos a las soluciones que solo están esperando la voluntad política, que hasta ahora ha fallado.

Si esto se logra, estoy seguro la ciudadanía en general respaldaremos al Presidente Peña en el final de su mandato.

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