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Cuando las empresas dejan de pensar en crecer.

Artículo escrito por Jorge Espina Reyes, Presidente del Comité Formativo de COPARMEX | Vía: @ElIndpendiente 

Lic. Jorge Espina Reyes

Hay señales económicas que merecen algo más que una lectura rápida. Una de ellas es el ánimo de las empresas para invertir.

Los resultados de #DataCOPARMEX 2026 muestran una señal que debería llamar nuestra atención: el porcentaje de empresas que considera que es un buen momento para invertir cayó de 39.5% a 23% en un año. Son 16.5 puntos porcentuales menos, la mayor caída anual desde que comenzó a medirse este indicador en 2020. Los planes de expansión también disminuyeron, de 62.8% a 50.3%.

Dicho de manera sencilla: la empresa mexicana está pasando de pensar en expandirse a concentrarse en resistir.

Y esto no significa que el empresario haya dejado de querer crecer. Significa que, cuando aumentan los riesgos y disminuye la certeza, invertir se vuelve una decisión más difícil.

Los propios datos señalan los principales obstáculos para crecer: 25.2% identifica la incertidumbre económica; 20.9%, la inseguridad; 16.6%, la incertidumbre política, y 9%, el alto costo de los insumos.

En Puebla lo estamos viendo de cerca. La industria automotriz atraviesa un momento complejo. Volkswagen anunció la supresión indefinida de uno de los tres turnos de producción de Jetta y Tiguan en su planta de Puebla, en medio de un ajuste de personal. La propia empresa atribuyó la decisión al contexto desafiante de la industria automotriz mundial y de Norteamérica. 

Y no se trata solamente de un problema local. Volkswagen enfrenta una reestructuración global marcada por la presión de la competencia asiática, la situación del mercado chino, los aranceles estadounidenses y la transformación hacia nuevos modelos de movilidad. En septiembre, el grupo aprobó un nuevo plan de transformación que contempla hasta 50 mil recortes adicionales de empleos a nivel mundial. 

No todo lo que ocurre en Puebla depende de Puebla. La industria automotriz está viviendo una transformación global y hay factores internacionales que pesan. Pero precisamente por eso debemos preguntarnos qué estamos haciendo desde aquí para que Puebla sea más competitiva, más segura y más atractiva para invertir.

La inseguridad tiene un costo empresarial concreto. El 45.6% de los socios fue víctima de algún delito y la extorsión encabeza los delitos reportados, con 18%. Además, 58.7% aumentó su gasto en seguridad. En 19.6% de los casos de extorsión, los cobros fueron realizados por autoridades o personas que aparentaban serlo.

Los recursos destinados a protegerse son recursos que dejan de dirigirse a crecer, innovar, contratar o expandirse.

También está la carga regulatoria: 46.9% tuvo problemas con trámites gubernamentales y las empresas destinan 72.1 horas al mes al marco regulatorio. En las grandes empresas, la cifra alcanza 176.4 horas. No podemos normalizarlo.

Desde una visión humanista de la empresa, invertir no es solamente poner capital en riesgo para obtener un rendimiento. Es apostar por personas: contratar, formar trabajadores, abrir oportunidades, innovar y construir proyectos que puedan trascender.

Por eso, recuperar la confianza requiere una tarea integral: seguridad para operar; certeza jurídica para invertir; reglas claras y estables; instituciones confiables; combate efectivo a la corrupción y una regulación que facilite, en lugar de obstaculizar, la actividad productiva.

Pero también debemos hablar de nuestra propia responsabilidad. El sector empresarial no puede permanecer dormido ni limitarse a reaccionar cuando una crisis llega a la puerta. Necesitamos más participación social, más diálogo, más propuestas y mayor presencia en los asuntos que determinan el futuro de nuestras comunidades.

Los gobiernos tienen la responsabilidad de generar condiciones para que la inversión sea posible y atractiva. Y el empresariado tiene la responsabilidad de involucrarse en la construcción de esas condiciones, no solamente de señalarlas cuando las cosas salen mal.

México necesita que sus empresas vuelvan a pensar en expansión, no solamente en resistencia. Para lograrlo, necesitamos instituciones que respondan, condiciones que den confianza y un sector empresarial dispuesto a participar activamente.

Porque sin confianza se posponen decisiones; sin inversión se limita el crecimiento; y sin crecimiento se reducen las oportunidades de empleo formal.

El reto no es solamente resistir la coyuntura. Es construir, entre todos, las condiciones para volver a crecer. 

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