
Artículo de Opinión escrito por Rubén Furlong Martínez Presidente de la Comisión Nacional de Fortalecimiento Cívico y Democrático de COPARMEX | Vía: @elsolde_mexico X: @RubenFurlongM
El pasado 10 de septiembre inició formalmente el Proceso Electoral Federal 2026-2027. Faltan poco más de ocho meses para el día de la elección. Y, por cómo se están dando las cosas, cualquiera diría que será el próximo mes.
Y es claro que esto no comienza cuando instalamos las casillas. Comienza mucho antes: cuando se fijan las reglas, se nombran autoridades, se establecen controles y se decide qué se vigila, cómo se vigila y, también, qué dejamos de vigilar.
Pero la ley prohíbe que aspirantes y suspirantes a candidatos se adelanten a los tiempos que claramente establece. No es un capricho: entre otras cosas, busca garantizar equidad en la contienda.
El problema es que prácticamente todos parecen haber decidido que el calendario electoral es apenas una sugerencia. Llevan meses haciendo campaña, auspiciados por las dirigencias de sus partidos, mientras el INE observa y el TEPJF permanece, cuando menos, demasiado lejos de la conversación.
¿Cómo esperan que confiemos en ellos si sus acciones nos gritan que no son confiables, que no respetan la ley?
Aprovechan que las instituciones y autoridades encargadas de cuidar la integridad del proceso llegan sometidas a una enorme presión y parecieran no tener las herramientas ni la voluntad para poner orden y fortalecer nuestra confianza.
Por eso son tan preocupantes algunas decisiones recientes.
Aunque el INE mantiene la prohibición para que servidores públicos vinculados con programas sociales participen como observadores electorales, eliminó la verificación automática que permitía comprobarlo. También modificó los criterios para revisar las llamadas “boletas planchadas”.
Son solo dos ejemplos y podemos discutir técnicamente ambas decisiones. Lo importante está en otro lado: cuando la confianza es frágil, reducir controles difícilmente ayuda a recuperarla.
La certeza no se decreta. Se construye con reglas claras, instituciones fuertes, controles verificables y autoridades dispuestas a explicar sus decisiones y someterlas al escrutinio público.
Pero sería demasiado cómodo dejar toda la responsabilidad en el INE, los tribunales o los partidos.
La democracia también necesita ciudadanos.
Ciudadanos que observen. Organizaciones que documenten. Academia que analice. Medios que investiguen. Empresarios que participen. Sociedad civil que pregunte y autoridades que rindan cuentas.
En Coparmex llevamos más de tres décadas participando en procesos electorales. En 2027 tendremos que volver a hacerlo, pero el reto exige ir más lejos: conectar capacidades ciudadanas en todo el país, observar permanentemente lo que ocurre, documentarlo, generar información y convertirla en incidencia.
Vertebrar para incidir
No para sustituir a las autoridades ni para favorecer o combatir partidos. Somos altamente políticos y totalmente apartidistas. Se trata de algo más elemental: vigilar que las reglas se cumplan y la voluntad ciudadana se respete.
Porque la integridad de una elección no se revisa cuando termina. Se construye y se vigila desde antes. La democracia no se protege un solo día. Se protege todos los días.
El 2027 ya empezó. Nuestra responsabilidad como ciudadanos también.



