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Hidden Champions: competitividad con propósito para un nuevo México empresarial.

Articulo de Opinión escrito por: Rosa Meneses Morales, Consejera Delegada de Comunicación de Responsabilidad Social Empresarial de COPARMEX | Vía:  @AuroradeMexico

Durante años hemos hablado del nearshoring como una de las grandes oportunidades para México. Nuestra ubicación geográfica, la integración comercial con América del Norte y nuestra capacidad productiva nos colocan, sin duda, en una posición privilegiada.

Pero quizá ha llegado el momento de hacernos una pregunta distinta: ¿Queremos solamente atraer más inversión o queremos también construir más empresas mexicanas capaces de liderar los mercados en los que participan?

Esa pregunta estuvo presente durante la sexta edición de las Juntas Internacionales 2026 de Coparmex, bajo el lema “Hidden Champions México: Cómo construir empresas líderes de nicho con impacto global”.

El concepto de Hidden Champions resulta particularmente interesante porque rompe con una idea que durante mucho tiempo asociamos al éxito empresarial: que para ser líder hay que ser una empresa enorme, conocida globalmente o presente en todos los mercados.

La experiencia internacional demuestra que no necesariamente es así.

Existen empresas relativamente discretas que han logrado convertirse en líderes mundiales dentro de segmentos muy específicos gracias a algo mucho más difícil de construir: conocimiento profundo de su mercado, especialización, innovación permanente, excelencia operativa y relaciones de largo plazo con sus clientes.

Ahí encuentro una enorme oportunidad para México.

Las mipymes representan más de 99.8% de las empresas del país y generan cerca de 70% del empleo nacional. Por eso, cuando hablamos de elevar su productividad, innovar o facilitar su crecimiento, no estamos hablando solamente de política empresarial. Estamos hablando de empleo, movilidad social, desarrollo regional y oportunidades para millones de familias mexicanas.

México, además, ya tiene una plataforma económica importante. Somos uno de los principales exportadores de mercancías del mundo y, en 2025, nuestras exportaciones superaron los 617 mil millones de dólares. De ese monto, más de 534 mil millones de dólares tuvieron como destino Estados Unidos, una dimensión que muestra tanto la profundidad de nuestra integración económica como la oportunidad de generar mayor valor desde las empresas mexicanas.

Sin embargo, exportar mucho no necesariamente significa generar todo el valor que podríamos generar.

El verdadero desafío consiste en lograr que cada vez más empresas mexicanas dejen de participar únicamente en determinados eslabones de las cadenas globales y comiencen a desarrollar conocimiento, tecnología, propiedad intelectual, soluciones especializadas y capacidades propias que les permitan ocupar posiciones estratégicas dentro de ellas.

En otras palabras, no basta con producir más; necesitamos generar más valor.

Y eso requiere construir capacidades.

Necesitamos invertir en talento técnico y especializado, acelerar la adopción tecnológica, impulsar la innovación, mejorar la productividad y ampliar el acceso al financiamiento.

También necesitamos fortalecer la colaboración entre grandes empresas y mipymes, universidades, centros de investigación y clústeres industriales. Las grandes transformaciones económicas difícilmente ocurren de manera aislada; suceden cuando existen ecosistemas capaces de compartir conocimiento, desarrollar proveedores y elevar juntos los estándares de competitividad.

Por supuesto, las empresas tampoco pueden hacerlo todo solas.

México necesita condiciones que permitan invertir y crecer con visión de largo plazo: certeza jurídica, seguridad, infraestructura suficiente, disponibilidad de energía y una regulación que facilite —y no obstaculice— el desarrollo empresarial.

Pero existe otra dimensión que considero igualmente importante.

Desde la responsabilidad social empresarial hemos insistido durante años en que la empresa no es únicamente una unidad económica. Es también un espacio donde se generan oportunidades, se desarrolla talento, se construyen relaciones de confianza y se transforma una comunidad.

Por eso me parece especialmente valioso pensar en una versión mexicana de los Hidden Champions.

No tendría sentido reproducir de manera automática el modelo alemán. México necesita construir su propio modelo: empresas profundamente especializadas y competitivas, pero también conscientes de su responsabilidad frente a las personas y las comunidades con las que conviven.

Competitividad y propósito no deberían entenderse como conceptos separados.

Una empresa que desarrolla a su gente, que establece relaciones responsables con sus proveedores, que construye confianza con sus clientes y que entiende el impacto que genera en su entorno está fortaleciendo también activos fundamentales para su competitividad.

El propósito empresarial no sustituye a la rentabilidad. Puede ayudar a darle dirección, legitimidad y permanencia.

De eso debería tratarse la siguiente etapa del desarrollo empresarial mexicano: construir compañías capaces de competir internacionalmente sin perder de vista para qué y para quién generan valor.

Quizá nuestros próximos grandes líderes empresariales no sean necesariamente las compañías más conocidas. Tal vez sean empresas medianas, nacidas en distintas regiones del país, que encontraron aquello que saben hacer extraordinariamente bien y lograron convertirlo en una ventaja capaz de competir con el mundo.

Esos podrían ser nuestros propios Hidden Champions.

El reto está en crear las condiciones para que existan más empresas que apuesten por el conocimiento, desarrollen talento, innoven, se especialicen y encuentren en los mercados globales una oportunidad para crecer desde México.

Estoy convencida de que nuestro país tiene el talento y la capacidad para hacerlo. La oportunidad está frente a nosotros; convertirla en empresas mexicanas más fuertes, especializadas y capaces de competir con el mundo dependerá de lo que hagamos hoy.

Porque quizá el próximo Hidden Champion global ya existe en México. El desafío es darle las condiciones para que pueda demostrarlo.

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