
Artículo de Opinión escrito por Juan José Sierra Álvarez , Presidente Nacional de COPARMEX | Vía: @heraldodemexico X:@jsierraalvarez
Al cierre del primer semestre de este 2026, las cifras de la economía real nos envían una señal de alerta profunda que el país entero debe atender sin distracciones: el empleo formal ha perdido dinamismo y el ritmo de creación de plazas se encuentra peligrosamente lejos de lo que nuestra sociedad demanda.
Entre enero y junio apenas logramos registrar 262 mil 628 nuevos puestos de trabajo ante el IMSS. Esta cifra representa menos de la mitad de los cerca de 600 mil empleos que requeríamos en este periodo para mantenernos en la ruta de alcanzar 1.2 millones de puestos anuales que México necesita. El crecimiento anual del empleo formal se ha rezagado 2%, ubicándose por debajo de nuestro promedio histórico.
Detrás de cada estadística hay historias humanas y empresariales complejas. De acuerdo con información de #DataCoparmex, aunque más de seis de cada 10 empresarios tienen la firme intención de expandir sus negocios, apenas el 39.5% considera que este es un momento propicio para arriesgar su capital. La razón de este freno es un entorno asfixiado por la incertidumbre económica, la inseguridad y la falta de claridad en las reglas del juego.
Mientras el empleo formal se desacelera, la otra cara de la moneda sigue lacerando nuestro tejido social: la informalidad laboral atrapa a 55.2% de la población ocupada. Hablamos de 33.4 millones de mexicanas y mexicanos que se ganan la vida cotidianamente sin acceso a la seguridad social, sin una pensión digna, sin créditos para vivienda ni ninguna red básica de protección. Esta es la gran brecha que debemos cerrar si realmente aspiramos a ser una nación con justicia distributiva.
El mejor programa social que puede tener una nación es el empleo formal. Ninguna dádiva o subsidio gubernamental sustituye la dignidad, la estabilidad y la movilidad social que otorga un trabajo con prestaciones de ley. Pero el empleo sostenible surge única y exclusivamente de empresas que encuentran un entorno favorable para invertir, crecer, aumentar su productividad y competir.
Para recuperar el dinamismo perdido, necesitamos un cambio radical en la política económica interna. Urge consolidar una simplificación administrativa real mediante ventanillas únicas digitales que eliminen el laberinto de trámites duplicados.
Requerimos una estrategia frontal y focalizada contra la extorsión y el cobro de piso. Asimismo, es imperativo garantizar un suministro confiable de energía e infraestructura moderna, junto con esquemas fiscales simplificados que incentiven a las Mipymes a transitar hacia la formalidad.
México cuenta con el talento, la capacidad empresarial y la resiliencia probada para salir adelante. Pero las oportunidades se construyen con decisiones firmes, Estado de Derecho y certidumbre jurídica.
Es momento de dejar de ver al sector productivo como un obstáculo o un simple recaudador, y comenzar a reconocerlo como el motor indispensable del desarrollo nacional. Si queremos que el mercado laboral vuelva a latir con fuerza, debemos darle a quien invierte y trabaja las condiciones para triunfar.



