Caravana Migrante: Entre la espada y la pared

Artículo de opinión de Juan Manuel Hernández, Presidente de la Comisión de Desarrollo Democrático

Twitter: @hernandez_sd

México y EU enfrentan una crisis migratoria proveniente de Centroamérica.

Se dice todo empezó a través de un mensaje de Facebook que generó la salida de 300 hondureños el pasado 12 de octubre, convirtiéndose en menos de dos semanas en un éxodo de más de 10 mil  hondureños, nicaragüenses y guatemaltecos.

También se dice el movimiento es un complot orquestado por la izquierda radical de los presidentes Maduro y Ortega, que utilizando a Honduras como plataforma, tienen el objetivo de generar una crisis política en EU para que abra la pauta al trasiego de drogas y la movilización de criminales y terroristas desde Centroamérica.

Lo cierto es que este éxodo está formado por hombres, mujeres y un gran número de niños que huyen de las condiciones infrahumanas que prevalecen en sus países, reflejadas en corrupción, desempleo y hambre, buscando una vida mejor.

 El gobierno hondureño ya fracasó en su intento de frenar la caravana.

El gobierno de Mexico fue tomado por sorpresa en medio de la transición sexenal, sin un plan coordinado de ayuda por parte de los gobiernos federal y estatales.

Existen también acusaciones de que agentes de migración mexicanos están actuando como filtro migratorio de EU,  y a través de acciones emanadas de un fallido acuerdo entre Mexico y EU llamado “Tercer Piso Seguro” (TPS), mediante el cual todo emigrante en Mexico, y en transición a solicitar asilo en EU, lo hiciera primero en nuestro país bajo el argumento de que EU le emitiría una certificación a Mexico para que los inmigrantes pudieran residir primero aquí.

Si bien el acuerdo aparentemente fue rechazado por el equipo de transición del presidente electo, se estaría aplicando en la práctica, acompañado de serias críticas de que siendo Mexico un país altamente inseguro, difícilmente podría ser seguro para esta población migrante y con alta vulnerabilidad.

En realidad, Mexico está recibiendo presión de EU para detener el flujo migratorio a través de las amenazas de Donald Trump de cancelar el nuevo TLC, así como de militarizar y cerrar la frontera.

Según grupos de opinión, existen sospechas de que hubo acuerdos paralelos al nuevo TLC, donde se incluye la obligación de nuestro país de cooperar directamente con EU en materia de seguridad fronteriza y narcotráfico.

Este argumento explicaría la disyuntiva a la que está sometido nuestro país.

En el entendido de que las exigencias de nuestro principal socio comercial pudieran cambiar una vez concluido su proceso electoral del próximo 6 de noviembre, Mexico se encuentra entre la espada y la pared: actuar como el país históricamente solidario que da la bienvenida y trato humano a los migrantes, o hacerle el trabajo sucio a EU actuando como policía fronterizo representante de los intereses anglosajones.

El éxodo sigue creciendo. Esta podría ser la primera crisis internacional del próximo presidente de Mexico.

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