
Artículo de Opinión escrito por Juan José Sierra Álvarez , Presidente Nacional de COPARMEX | Vía: @Excelsior X:@jsierraalvarez
La revisión del T-MEC ocurre en un momento en el que América del Norte enfrenta una competencia global cada vez más intensa. Las cadenas de suministro se están reconfigurando, la seguridad económica ocupa un lugar central en las decisiones de inversión y sectores como los semiconductores, la inteligencia artificial, la electromovilidad y los minerales críticos están definiendo la nueva competencia internacional.
Para México, esta coyuntura representa una oportunidad para decidir qué papel queremos desempeñar dentro de la economía de América del Norte.
En la Coparmex hemos sido claros. México debe preservar y fortalecer el carácter trilateral del T-MEC, generar certidumbre para quienes invierten y mantener una integración regional que ha demostrado ser benéfica para los tres países. La revisión del acuerdo debe conducirse con responsabilidad, visión de largo plazo y diálogo permanente.
Pero también debemos hacer nuestra parte. Durante mucho tiempo hemos hablado de la integración de América del Norte, principalmente desde la perspectiva de las exportaciones y de la llegada de inversión. Hoy necesitamos dar un paso adicional: fortalecer la capacidad de las empresas mexicanas para ocupar posiciones estratégicas dentro de esas cadenas de valor.
México ya cuenta con una plataforma extraordinaria. Nuestra cercanía geográfica, el acceso preferencial al mercado norteamericano y una industria manufacturera altamente integrada nos colocan en una posición privilegiada. Además, Estados Unidos y México ya trabajan en la revisión del T-MEC, en un proceso que incluye temas como reglas de origen, reducción de dependencias externas y seguridad de las cadenas regionales de suministro.
La pregunta es: ¿qué haremos con esa oportunidad?
Una prioridad debe ser incrementar el contenido nacional de nuestras exportaciones y lograr que más MiPyMEs mexicanas se conviertan en proveedores de clase mundial.
Las MiPyMEs representan más de 99% de las empresas del país y generan cerca de 70% del empleo. Sin embargo, una proporción todavía muy reducida participa directamente en los mercados internacionales. Si queremos que la integración de América del Norte genere mayor desarrollo para México, necesitamos que muchas más empresas nacionales puedan incorporarse a las cadenas de suministro, cumplir estándares internacionales y ofrecer productos y servicios con mayor contenido tecnológico y valor agregado.
El T-MEC puede convertirse en una plataforma para desarrollar una nueva generación de empresas mexicanas altamente especializadas. Empresas capaces de proveer componentes, tecnología, servicios y soluciones para industrias estratégicas de América del Norte; empresas que puedan pasar de ser proveedoras básicas a convertirse en socios estratégicos.
Para lograrlo necesitamos una política de desarrollo empresarial mucho más ambiciosa.
Se requiere facilitar el acceso al financiamiento para maquinaria, tecnología, certificaciones e internacionalización; fortalecer los programas de desarrollo de proveedores; vincular a las grandes empresas con las MiPyMEs nacionales; impulsar la formación técnica y la educación dual; acelerar la digitalización y promover ecosistemas regionales de innovación y clústeres.
También necesitamos atender las condiciones que hacen posible invertir y crecer. La seguridad, la certeza jurídica, una regulación eficiente, infraestructura moderna, así como energía suficiente y competitiva son parte de nuestra capacidad para competir.
La revisión del T-MEC debe ayudarnos a mirar hacia adelante.
Porque una América del Norte más integrada será más competitiva cuando México participe como fuente de talento, tecnología, proveedores y empresas capaces de liderar.
Ése es el reto que tenemos frente a nosotros. Y también es una oportunidad que México no puede dejar pasar.



