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Empresas y Empresarios / El delito cambió y tenemos que entenderlo.

Artículo de Opinión escrito por: Armando Zúñiga Salinas | Vicepresidente de Comunicación de Coparmex Nacional | Vía: @laprensaoem X: @Armando_ZunigaS

Durante muchos años, cuando hablábamos de inseguridad, pensábamos casi de inmediato en un asalto, el robo de un automóvil o algún delito cometido en la calle. Hoy esa realidad sigue presente, pero hay otra que está creciendo frente a nosotros y que merece mucha más atención.

El delito está cambiando.

Los resultados de la ENVIPE 2025 del INEGI ayudan a dimensionarlo. Durante 2024 se estima que ocurrieron 33.5 millones de delitos en México y 23.1 millones de personas mayores de 18 años fueron víctimas. Entre los delitos más frecuentes aparecen el fraude, el robo o asalto en calle o transporte público y la extorsión.

El dato que particularmente me llama la atención es el fraude. La tasa llegó a 7 mil 574 casos por cada 100 mil habitantes, mientras que la extorsión alcanzó 5 mil 971.

No son solamente números. Detrás hay personas que perdieron sus ahorros, empresas engañadas, negocios amenazados y familias que recibieron una llamada que les cambió el día.

Y esto nos obliga a entender la seguridad de otra manera.

Para una empresa ya no basta con tener cámaras, controlar accesos o proteger físicamente sus instalaciones. Hoy también debemos preguntarnos quién tiene acceso a nuestra información, cómo verificamos una transferencia, qué hacemos ante una llamada sospechosa y, sobre todo, si nuestros colaboradores saben cómo reaccionar frente a un intento de fraude o extorsión.

Hay otro dato del INEGI que no podemos normalizar: 93.2% de los delitos ocurridos en 2024 no fueron denunciados o no derivaron en una carpeta de investigación. Es una cifra enorme y también una llamada de atención.

Si las autoridades no conocen buena parte de lo que sucede, difícilmente podrán tener toda la información necesaria para prevenir, investigar y perseguir estos delitos. Por eso necesitamos recuperar la confianza en la denuncia, pero también hacerla más sencilla y efectiva.

Para quienes generamos empleos y dirigimos empresas, este cambio tampoco puede verse como un problema exclusivo de las autoridades. Un fraude puede comenzar con un correo aparentemente inofensivo; una extorsión, con información que alguien obtuvo de nuestras propias redes sociales. Muchas veces la primera barrera de protección no será una patrulla ni una cámara, sino un trabajador que sepa identificar el riesgo y tenga claro qué hacer.

Por eso la capacitación dejó de ser un complemento. Tiene que formar parte de la operación cotidiana de cualquier organización, sin importar su tamaño. Protocolos sencillos, canales internos de alerta, verificación de información y una comunicación permanente pueden hacer una diferencia enorme. Invertir en prevención cuesta; enfrentar las consecuencias de no haberlo hecho casi siempre cuesta mucho más.

Desde la seguridad privada también tenemos tarea. Nuestra industria debe seguir profesionalizándose, incorporar tecnología, fortalecer el análisis de riesgos y trabajar cada vez más en prevención e inteligencia. La seguridad ya no puede comenzar cuando ocurre un incidente.

México está viendo una transformación en la forma de delinquir. Algunos delitos disminuyen, otros crecen y otros simplemente encontraron nuevas maneras de llegar hasta nosotros.

El delincuente ya cambió su forma de operar. Nosotros no podemos seguir cuidándonos como antes.

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Antes de ser empresario, fui emprendedor.

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