
Artículo de Opinión escrito por: Armando Zúñiga Salinas | Vicepresidente de Comunicación de Coparmex Nacional | Vía: @laprensaoem X: @Armando_ZunigaS
Hay momentos en los que un país decide si se conforma con participar en la economía global o da el siguiente paso para competir en ella. La revisión del T-MEC es uno de esos momentos. Más que una negociación comercial, representa la oportunidad de construir una nueva generación de empresas mexicanas capaces de innovar, especializarse y convertirse en proveedoras estratégicas de América del Norte.
Durante años, México ha demostrado que sabe manufacturar. Ahora el reto es agregar más conocimiento, tecnología y valor a lo que produce. Ahí están las verdaderas oportunidades para nuestras micro, pequeñas y medianas empresas.
Las cifras hablan por sí solas. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), durante el primer semestre de 2026 las exportaciones mexicanas alcanzaron 389 mil 723 millones de dólares, un crecimiento de 24.6 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. Además, 83.7 por ciento de las exportaciones nacionales tienen como destino Estados Unidos, mientras una parte fundamental de las importaciones corresponde a bienes intermedios que alimentan la industria instalada en nuestro país.
Eso significa que México ya forma parte de una de las cadenas productivas más importantes del mundo. La pregunta es cuántas empresas mexicanas participan realmente en ella con tecnología propia, procesos especializados y alto valor agregado.
En las recientes Juntas Internacionales de COPARMEX analizamos el modelo de los Hidden Champions: empresas que, sin ser necesariamente grandes o conocidas, dominan nichos altamente especializados a nivel global. Ese camino también está al alcance de miles de MiPyMEs mexicanas si existen condiciones para desarrollarse.
La revisión del T-MEC coincide con una transformación profunda de la economía regional. Sectores como la inteligencia artificial, los semiconductores, la electromovilidad, la manufactura avanzada y los minerales críticos definirán la competitividad de los próximos años. México no puede limitarse a ensamblar; debe diseñar, desarrollar, innovar y proveer soluciones.
Para lograrlo se requiere una estrategia de Estado que facilite la formalización empresarial, amplíe el acceso al financiamiento, fortalezca los programas de desarrollo de proveedores, impulse certificaciones internacionales, fomente la innovación y garantice algo indispensable para invertir: seguridad, certeza jurídica, energía suficiente e infraestructura competitiva.
Como ha señalado nuestro presidente nacional de COPARMEX, Juan José Sierra Álvarez, el siguiente paso para México consiste en incorporar mayor contenido tecnológico y lograr que más empresas compitan por conocimiento, especialización y valor agregado. Esa visión resume el desafío que hoy tenemos enfrente.
La revisión del T-MEC no debe verse como un proceso de incertidumbre, sino como el punto de partida para fortalecer el contenido nacional y convertir a miles de MiPyMEs en protagonistas del desarrollo económico de la región. Si aprovechamos esta oportunidad, México no solo exportará más; exportará mejor. Y esa diferencia será la que determine la competitividad, el crecimiento y los empleos de calidad que nuestro país necesita.



