Los contrapesos

Autor: Juan Manuel Hernández Niebla

Al final de esta recta electoral, los mexicanos estaremos definiendo el país al que aspiramos.

Está quien le apuesta al estatus quo, con todo lo bueno y lo malo que esto conlleva. Y en lo que pareciera ser la decisión de la mayoría, los que le apuestan al cambio.

Dentro de esta polarización, el acuerdo pareciera estar en la inconformidad generalizada con el país que tenemos y la forma en la que se ha administrado.

La mayoría de los mexicanos percibimos una economía formal de plutócratas disfrazada de economía de mercado, generadora de una gran desigualdad y por ende la captura del tejido social por parte del crimen organizado.

Esto, combinado con una percepción de corrupción e impunidad generalizada, un sector educativo endeble y politizado que genera escases de oportunidades para las juventudes, y la falta de esquemas sustentables de seguridad social, hacen que muchos de los votantes sientan que no tienen nada que perder, apostándole a un modelo de cambio que pareciera ser una regresión a un modelo económico que ya demostró no ser funcional y el principal responsable del Mexico sub desarrollado que sufrimos.

Nuestra historia nos hace rememorar y desear el regreso al caudillismo, en una utopía paternalista donde nos imaginamos que una persona nos puede solucionar, como por arte de magia, todos los problemas y rezagos antes expuestos en los que los gobiernos recientes nos han sumergido.

Sin embargo, se nos olvida que los principales culpables de lo que nos ha pasado y nos sigue pasando somos nosotros, sobre todo los que estamos en un nivel económico medio-alto que tenemos una obligación subsidiaria con los menos privilegiados.

Somos nosotros como sociedad organizada los que con nuestra apatía y complacencia hemos permitido todos los abusos a los que nuestros gobernantes nos han sometido.

Todos nos quejamos, pero solo un sector minúsculo es el que verdaderamente ha salido a protestar, a proponer y a trabajar en esos contrapesos tan necesarios e imperantes para la labor de gobierno.

La única solución a los problemas del país somos nosotros, la sociedad organizada. No existe ningún mesías, ni caudillo que nos vaya a resolver los problemas.

Hoy más que nunca es imperativa la unión, donde una sociedad representativa sea quien dicte la pauta, de una manera legal y respetuosa, e instruya a los ganadores de este proceso electoral hacia el modelo de país que necesitamos.

Por un lado, no podemos perder lo que hemos ganado, recordando que hace 24 años en un proceso electoral similar al actual, ya conocíamos a los ganadores.

Hoy el gran reto es seguir avanzando en nuestra democracia. Respetando y apoyando al ganador que decida la gente, pero al mismo tiempo fortaleciendo nuestras instituciones democráticas.

Serán estas instituciones democráticas, apoyadas y avaladas por la sociedad en general, la única garantía del país que anhelamos y merecemos todos los mexicanos.

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