
Artículo de Opinión escrito por Juan José Sierra Álvarez , Presidente Nacional de COPARMEX | Vía: @ElIndpendiente X:@jsierraalvarez
Durante mucho tiempo hemos medido el éxito económico de México con indicadores que, sin duda, son importantes: cuánta inversión llega, cuántas exportaciones crecen o cuántas empresas se instalan en el país. Gracias a ello, hoy somos el décimo exportador mundial de mercancías y uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos.
Sin embargo, hay una pregunta que con frecuencia dejamos de lado: ¿qué tipo de empresas estamos construyendo?
Porque una economía no cambia su futuro únicamente cuando exporta más. Lo hace cuando desarrolla empresas capaces de competir por aquello que resulta más difícil de copiar: el conocimiento, la innovación, la especialización y el talento.
Esa fue la reflexión más valiosa que dejaron las Juntas Internacionales 2026 de COPARMEX. Durante dos días escuchamos experiencias de empresarios, especialistas, organismos internacionales y representantes de industrias que han demostrado que el liderazgo mundial pertenece, muchas veces, a aquellas que logran convertirse en indispensables.
El concepto de Hidden Champions, desarrollado por Hermann Simon, describe precisamente a ese tipo de empresas. Son organizaciones que dominan nichos muy específicos del mercado global, construyen ventajas técnicas difíciles de sustituir y mantienen relaciones de largo plazo con clientes que valoran mucho más la confiabilidad que la publicidad. No buscan ser famosas; buscan ser irremplazables.
En las Juntas Internacionales quedó claro que competir por precio es una estrategia cada vez más frágil. Siempre habrá alguien capaz de producir más barato. En cambio, competir por conocimiento permite construir ventajas que permanecen durante décadas.
Los casos analizados mostraron que los Hidden Champions comparten características muy concretas: invierten de manera permanente en innovación; desarrollan talento especializado; trabajan estrechamente con sus clientes para resolver problemas complejos; mejoran continuamente sus procesos y toman decisiones con una visión de largo plazo. No crecen tratando de hacer de todo. Crecen haciendo extraordinariamente bien aquello que nadie más hace igual.
México cuenta con condiciones para recorrer ese camino. Nuestras MiPyMEs representan el 99.8% de las unidades económicas, generan cerca del 70% del empleo y aportan más de la mitad del Producto Interno Bruto. Ahí se encuentra buena parte del potencial productivo del país. El desafío consiste en ayudarlas a evolucionar.
Eso implica ampliar el acceso al financiamiento, impulsar la adopción de tecnologías digitales e Inteligencia Artificial, fortalecer la educación técnica y dual, facilitar certificaciones internacionales y desarrollar programas que permitan integrar a más proveedores nacionales en las cadenas globales de valor. También exige fortalecer los clústeres industriales y generar una colaboración mucho más estrecha entre grandes empresas, MiPyMEs, universidades y organismos empresariales.
Pero nada de ello será suficiente si no resolvemos las condiciones básicas para competir. Ninguna empresa puede planear inversiones de largo plazo sin seguridad, certeza jurídica, infraestructura moderna, energía suficiente, gestión eficiente del agua y un Estado de Derechos que otorgue confianza a quienes invierten y generan empleo.
Quizá la enseñanza más importante de estas Juntas Internacionales sea que México necesita construir más empresas capaces de resolver problemas que el mundo considera estratégicos.
Empresas cuya principal ventaja no sea el costo, sino el conocimiento. Empresas que destaquen por el valor que generan. Y ese es, precisamente, el siguiente gran paso para México.



