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¿Y si sí? El verdadero reto de México comienza después del Mundial.

Artículo de opinión escrito por Óscar de Jesús Martínez Treviño, Vicepresidente Nacional de Estado de Derecho, Justicia y Seguridad de Coparmex | Vía @altonivel X: @oscarmartinezt

Ha concluido ya la euforia generada por nuestra Selección Mexicana de Futbol. Su paso perfecto por la fase de grupos, con tres partidos ganados y sin recibir un solo gol, alimentó la esperanza de un pueblo necesitado de ánimo y de buenas noticias.

Como cada cuatro años, los mexicanos nos ilusionamos y soñamos con que, en este nuevo Mundial, las cosas pudieran ser diferentes y que, al menos, llegáramos a los tan anhelados cuartos de final. En esta ocasión, el “sí se puede” de mundiales anteriores tomó la forma de un “¿y si sí?”, como una expresión renovada de la esperanza de millones de mexicanos en torno a nuestra Selección Nacional.

Desafortunadamente, la esperanza, como suele suceder, no es más fuerte que la terca realidad con la que inevitablemente termina por encontrarse.

Afortunadamente para nosotros, como dice el filósofo del futbol argentino, Jorge Valdano, “el futbol es lo más importante de las cosas menos importantes”. Dependiendo del equipo al que apoyemos o de la nacionalidad que tengamos, el futbol sirve para ilusionarnos, divertirnos y, con más frecuencia de la que nos gustaría, darnos un baño de realidad. Pero eso es todo.

Ahora toca que los mexicanos volvamos la mirada hacia lo que verdaderamente importa y concentremos nuestros esfuerzos en construir un México más fuerte, más incluyente, con mayores oportunidades para todas y todos, y un país con justicia y paz.

Por eso creo que este es un buen momento para preguntarnos: ¿y si sí… podemos hacer realidad el gran México que todos queremos? No se trata de una pregunta basada en una esperanza sin sustento. Se trata de una pregunta que parte de la certeza de que contamos con todo lo necesario para lograrlo.

Somos un país enorme, con una cultura extraordinaria; con una flora y una fauna de enorme riqueza y diversidad; con grandes litorales y algunas de las playas más bellas del mundo. Compartimos una frontera de más de tres mil kilómetros con el mercado más grande del planeta. Y, sobre todo, contamos con el talento, el carácter y la capacidad de los mexicanos: más de 130 millones de personas que convierten a nuestro país en el décimo más poblado del mundo.

Por eso, aspirar a construir un gran país no es un sueño guajiro ni una esperanza sin fundamento. Al contrario, los mexicanos podemos y debemos hacer de México el país al que aspiramos, si nos lo proponemos y trabajamos unidos en torno a ese objetivo.

Pensemos:

¿Y si sí… logramos renegociar un tratado comercial para América del Norte que fortalezca las cadenas regionales de valor y acelere el crecimiento y la competitividad de los tres países que integran la región?

¿Y si sí… trabajamos juntos, gobierno y sociedad, para construir un México más justo y en paz, mediante políticas de Estado que trasciendan ideologías y colores partidistas?

¿Y si sí… reconocemos que somos una sociedad diversa y multicultural y, en lugar de centrarnos en lo que nos divide y polariza, ponemos nuestra atención en todo aquello que nos une, privilegiando el bien común por encima de los intereses particulares?

¿Y si sí… hacemos de nuestro país uno en el que el Estado de Derecho y la certeza jurídica sean la regla que prevalezca para todas y todos, sin excepción?

¿Y si sí… ponemos a la persona en el centro de nuestras decisiones, impulsando su desarrollo integral mediante oportunidades educativas y laborales cada vez más dignas?

¿Y si sí nos atrevemos?

Un México así no solo es posible; es el México al que estamos llamados.

Pasado ya el furor mundialista, es momento de volver la mirada hacia lo que realmente importa. Porque juntos podemos y debemos hacer de México un país campeón en desarrollo, oportunidades, justicia y paz. Eso es lo que verdaderamente importa.

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