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La mejor reforma es que no haya reforma.

Artículo de opinión escrito por: Ximena Céspedes | Vicepresidenta Nacional de Desarrollo Democrático y Cabildeo de COPARMEX | Vía: @AuroradeMexico

X: @XimenaCespedesA

México enfrenta un panorama, por decir lo menos, retador ante la coyuntura nacional, pero también internacional.

El debate sobre una reforma electoral ocurre en un momento especialmente delicado para el país, cuando a nivel nacional la economía sigue con crecimiento débil, a un ritmo muy bajo comparado con otros países de Latinoamérica y con una insuficiente expansión para generar realmente el dinamismo económico notable y cerrar brechas de productividad como lo promulga el gobierno federal en el Plan México.

Existe además una alta informalidad laboral, una persistente debilidad en la demanda interna y la productividad, incertidumbre en la inversión extranjera y local, una dependencia energética externa y una percepción ciudadana de un panorama económico difícil en 2026.

Por el lado internacional nos enfrentamos a las demandas directas de Estados Unidos, amenazas de aranceles y renegociación del T-MEC; adicionalmente a una inestabilidad geopolítica poco predecible en estos momentos.

A esto se le suma el informe de Human Rights Watch (HRW) que señaló a México como “uno de los países con mayor deterioro democrático y graves violaciones a los derechos humanos, debido a la eliminación de contrapesos al poder, los niveles extremos de violencia criminal, la impunidad persistente y los abusos cometidos por fuerzas de seguridad”.

La confianza de los inversionistas nacionales e internacionales, depende en gran medida de la estabilidad institucional, la certeza jurídica y la existencia de reglas claras y confiables.

Pero en México se ha visto mermada, lo que ha debilitado la inversión y ha generado una incertidumbre a nivel nacional e internacional, principalmente por la implementación de la reforma judicial, la desaparición de órganos autónomos, las modificaciones a leyes clave como la de amparo, criterios judiciales que se apartan de precedentes históricos, señales de desaceleración económica, la extorsión, los altos niveles de inseguridad del país, y la inminente negociación del T-MEC.

Ante estos desafíos, el solo hecho de discutir sobre una posible reforma electoral incrementa la incertidumbre, frena la inversión y limita la generación de empleos; incorporar una reforma electoral en este escenario no fortalece al país.

Por lo mismo, varios expertos, organizaciones de la sociedad civil e incluso sectores políticos han señalado la necesidad de cuidar el futuro económico, social y democrático del país.

El debate no es menor ni puede ser improvisado, simplemente no es el momento para cambiar las reglas electorales, México no se puede dar el lujo de jugar con su estabilidad.

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