
Artículo de Opinión escrito por Sharzy Molina Guizar, Presidenta de la Comisión Nacional de Salud de Coparmex | Vía: @elsolde_mexico X:@psicsharzy
Mientras el mundo debate aranceles y cadenas de suministro, hay una conversación que todavía no ocupa el centro de la mesa, pero que debería: la salud como variable estratégica del T-MEC.
La gira que encabezó el Presidente Nacional de Coparmex, Juan José Sierra Álvarez, a Washington—con más de 15 reuniones de alto nivel en el Congreso, organismos empresariales y centros de pensamiento— confirma que México y Estados Unidos están en un momento bisagra. En 2026, el T-MECentrará en proceso de revisión, y las decisiones que se tomen en esa mesa marcarán el rumbo económico de ambos países durante las próximas décadas.
Pero hay algo que pocas voces señalan con claridad: el sector salud tiene un lugar protagónico en esa negociación y, hasta ahora, no lo está ocupando.
Los números lo dicen sin ambigüedad. México es ya el sexto exportador mundial de dispositivos médicos, con ventas superiores a los 13 mil 700 millones de dólares, de los cuales el 91 por ciento se destina a Estados Unidos. El sector representa el 1.2 por ciento del PIB nacional. Y eso, con todo lo que significa, es apenas una fracción de lo posible.
¿Por qué? Porque en 2023, Estados Unidos registró escasez de más de 300 medicamentos activos, incluidos antibióticos esenciales y fármacos para terapia intensiva. A pesar de ello, la participación de México en las importaciones farmacéuticas estadounidenses no supera el 1.5 por ciento. La oportunidad es enorme. La brecha entre lo que somos y lo que podríamos ser, también.
La armonización regulatoria entre la COFEPRIS y la FDA es hoy una de las rutas más prometedoras para detonar inversión en producción farmacéutica. Agilizar los registros sanitarios no es un detalle administrativo: es una decisión estratégica. Mientras China e India llevan décadas consolidando su posición en el mercado de ingredientes farmacéuticos activos, México tiene algo que ellos no pueden replicar: vecindad, integración y un tratado vigente. El potencial está ahí. Lo que sigue es decidir aprovecharlo.
La gira de la delegación de Coparmex a Washington que lideró Sierra Álvarez fue una señal de que el sector privado entiende la magnitud del momento y está dispuesto a trabajarlo con seriedad, con aliados como la Cámara de Comercio de Estados Unidos, Brookings Institution y el Center for Strategic and International Studies. México tiene interlocutores. Lo que necesita es coherencia interna para honrarlos.
Desde la Comisión Nacional de Salud de Coparmex, sostenemos que salud y economía no son agendas paralelas. Son la misma agenda. Un país con certeza jurídica atrae inversión farmacéutica. La inversión farmacéutica genera empleo calificado. El empleo calificado mejora el acceso a la salud. Y el acceso a la salud construye el capital humano que hace productiva a una nación.
El T-MEC puede ser la palanca. La revisión de 2026 es la ventana. La pregunta es si México llegará a esa mesa con una agenda de salud clara, con instituciones sólidas y con la convicción de que somos mucho más que mano de obra barata.
Tenemos la ciencia. Tenemos la industria. Tenemos la geografía. Solo nos falta decidir que la salud también merece un lugar en la sala de negociaciones.



