
Artículo de opinión escrito por: Gerardo Aranda Orozco, Consejero Delegado de ALIARSE en COPARMEX, Vía | @SinEmbargoMX X: @G_Aranda
La participación empresarial mexicana en la 114.ª Conferencia Internacional del Trabajo dejó un mensaje claro: México puede convertirse en un ejemplo de cómo construir acuerdos entre empleadores, trabajadores, y Gobierno para atraer inversión, fortalecer la competitividad y generar empleo formal.
México volvió a ocupar un lugar destacado en uno de los foros laborales más importantes del mundo. La Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) participó en la 114.ª Conferencia Internacional del Trabajo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), espacio en el que gobiernos, sindicatos y representantes empresariales de todo el mundo analizan los desafíos y oportunidades que marcarán el futuro del empleo, la productividad y el desarrollo económico.
La presencia mexicana se dio en un momento clave. La transformación tecnológica, la relocalización de cadenas productivas (nearshoring) y la creciente competencia global por atraer inversión abren para México una oportunidad histórica, respaldada además por su integración comercial con Estados Unidos y Canadá a través del T-MEC.
El diálogo como estrategia de país
El mensaje central que llevó Coparmex a Ginebra, encabezada por su presidente nacional, Juan José Sierra Álvarez, fue contundente: las economías más competitivas no son necesariamente las más grandes, sino aquellas que logran construir acuerdos entre los distintos sectores de la sociedad.
Cuando empleadores, trabajadores y Gobierno dialogan y encuentran puntos de coincidencia, se reducen los conflictos laborales, aumenta la confianza para invertir, se fortalece el empleo formal y se generan mejores políticas públicas mediante propuestas construidas por consenso.
Como ejemplo de cooperación institucional, Coparmex presentó ante la comunidad internacional la experiencia del Consejo Social, Económico y Ambiental (Consea), una instancia que reúne a distintos actores para construir propuestas orientadas a resolver los principales desafíos económicos y sociales del país.
Una agenda enfocada en los desafíos del futuro
Durante los encuentros sostenidos con organismos empresariales, gobiernos, organizaciones sindicales y organismos multilaterales, se abordaron temas que impactan directamente la vida de millones de personas: productividad, formalidad laboral, innovación, desarrollo empresarial, educación, comercio internacional, integración regional y competitividad.
Estos espacios permitieron intercambiar experiencias, fortalecer alianzas estratégicas y conocer mejores prácticas que pueden contribuir al desarrollo económico y social de México.
Las MiPyMEs, corazón de la economía
Un punto destacado fue la situación de las micro, pequeñas y medianas empresas, columna vertebral de la economía nacional. Éstas requieren mayor acceso a financiamiento, capacitación, digitalización y la posibilidad de integrarse a cadenas globales de valor. Sin estas herramientas, será difícil aprovechar plenamente la relocalización de inversiones hacia Norteamérica.
Convertir el diálogo en acciones y resultados concretos
La capacidad de construir acuerdos se ha convertido en una ventaja estratégica para las naciones. La participación de México en la OIT confirma que el país tiene el potencial para posicionarse como un referente internacional de diálogo social y cooperación institucional.
El desafío ahora consiste en traducir ese entendimiento en resultados concretos: más inversión, mayor productividad, mejores empleos y mejores condiciones de vida para las familias mexicanas.
Para lograrlo, México deberá continuar fortaleciendo condiciones fundamentales para la competitividad, como la seguridad, la disponibilidad de energía y la certeza jurídica, factores que influyen directamente en las decisiones de inversión y en la generación de oportunidades de desarrollo.
El T-MEC seguirá siendo una plataforma estratégica para consolidar la integración económica de América del Norte. Sin embargo, aprovechar plenamente sus beneficios requerirá instituciones sólidas, diálogo permanente y una visión compartida de largo plazo.
Al final, el mensaje que México llevó a Ginebra resume una idea de fondo: las economías más sólidas no son las que evitan las diferencias, sino las que saben transformarlas en acuerdos que impulsan el desarrollo de todos.



