El adversario a vencer

Autor: Valeriano Suárez Suárez

Vivimos un proceso electoral de gran relevancia en México, nunca antes hemos realizado una elección del tamaño de la que llevaremos a cabo el próximo primero de Julio y pocas veces habremos estado en una coyuntura tan determinante para nuestro futuro. Tampoco antes, en la historia reciente de nuestro país, hemos vivido la experiencia de tener a un candidato buscando por tercera vez llegar a ser Presidente.

Candidato que -al igual que en sus dos intentos previos- encabeza las encuestas. Es el aspirante a habitar Los Pinos más criticado y paradójicamente también el más vitoreado. Para unos el adalid que desterrará a la mafia en el poder y la corrupción, para otros una amenaza para México y para sí mismo un hombre de ideales y principios, “legítimamente ambicioso”, que pretende pasar a la historia para situarse en un lugar cercano a Juárez, Morelos o Cárdenas.

Para Andrés Manuel López Obrador, MORENA es el movimiento social más grande del mundo. El más plural, amplio y diverso. Un espejo de la sociedad mexicana. Un proyecto donde son permisibles y habituales las contradicciones, la ambivalencia y la ambigüedad.

En su discurso pregona dos tipos de democracia: la representativa (del poder legislativo que desdeña) y la participativa (del pueblo al que invoca).
Quizás la parte más delicada de sus propuestas sea su reiterado llamado a que el pueblo será el que decida: si se deroga la reforma energética, si se mutila la reforma educativa o si se revoca el mandato al presidente. Lo que no queda claro es el mecanismo para realizar dichas consultas. Ideas que implican reformas constitucionales y por tanto mayoría calificada en el Poder Legislativo. ¿Es congruente ofrecer en campaña lo que no corresponde ni es facultad del cargo al que se aspira (titular del Poder Ejecutivo)?

Es verdad que el ejemplo de un Presidente, dispuesto a no cometer actos de corrupción, es condición ideal para impulsar la transformación del sistema corrupto que caracteriza a nuestra clase política y sus apéndices en el sector privado. Pero no es condición suficiente. ¿Cómo vencer las resistencias de miles de actores involucrados e interesados en que no cambie nada? Solo será posible con la participación activa de la sociedad civil organizada y privilegiando el respeto a las instituciones; su independencia, autonomía y eficacia, así como siguiendo los más altos estándares democráticos para la selección de sus titulares.

A poco más de noventa días para la elección la moneda está en el aire e ir arriba en las encuestas no garantiza el triunfo. El político sagaz, que es Andrés Manuel, sabe que debe mantener la lumbre de la emoción en el electorado, pero son precisamente esos sentimientos inherentes a la condición humana: las emociones, lo que lo han traicionado en sus intentos previos ante el que ha sido su mayor adversario: el propio AMLO.

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