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El alarmante progreso de la extorsión.

Artículo de Opinión escrito por Juan José Sierra Álvarez , Presidente Nacional de COPARMEX | Vía: @ElIndpendiente  X:@jsierraalvarez

Abrir un negocio, levantar una cortina, contratar personal o invertir en ampliar una empresa debería representar una apuesta por el futuro.

Sin embargo, para miles de Empresarios en el país, esas decisiones también implican convivir con el miedo.

La extorsión dejó de ser un delito aislado para convertirse en una presión cotidiana que condiciona la actividad económica, altera la vida de las familias y debilita la confianza social.

Su crecimiento erosiona la capacidad de las comunidades para desarrollarse y lastima profundamente a las micro, pequeñas y medianas empresas, que sostienen gran parte del empleo nacional.

Lo más grave es que se ha ido normalizando. Hay negocios que destinan parte de sus ingresos no a crecer, innovar o contratar más personal, sino a intentar protegerse.

Hay Empresarios que cambian rutas, horarios o decisiones de inversión para evitar riesgos.

Hay familias que aprenden a vivir con llamadas intimidatorias, amenazas o cobros ilegales como si fueran parte inevitable de la realidad.

Cuando un delito comienza a incorporarse a la vida cotidiana, el problema deja de ser únicamente de seguridad. Se convierte en un obstáculo estructural para el desarrollo.

Los resultados más recientes del Monitor de Seguridad COPARMEX muestran una realidad alarmante.

Entre enero y marzo de 2026 se registraron 2 mil 915 víctimas de extorsión, prácticamente el mismo nivel que el año anterior y uno de los más altos de los últimos once años.

En promedio, más de 32.4 personas fueron víctimas diariamente durante el primer trimestre del año.

La extorsión tiene la cifra oculta más alta entre todos los delitos.

De acuerdo con el INEGI, el 97% no se denuncia o no deriva en una carpeta de investigación.

Esto significa que detrás de cada caso registrado existen muchos más que permanecen invisibles por miedo, desconfianza o falta de condiciones para denunciar.

Hay entidades donde la situación se ha deteriorado aceleradamente.

Estados como Morelos, Tabasco y Zacatecas enfrentan niveles particularmente complejos, mientras que otras entidades han alcanzado máximos históricos en este delito.

El impacto no distingue sectores ni tamaños de empresa.

Afecta desde pequeños comercios familiares hasta cadenas productivas completas.

La consecuencia económica es directa.

Cada negocio que deja de invertir por miedo pierde capacidad de crecimiento.

Cada empresa que cierra por extorsión representa empleos que desaparecen, oportunidades que se frenan y comunidades que pierden dinamismo económico.

Por eso, combatir la extorsión exige mucho más que declaraciones.

La aprobación de la Ley General para Prevenir, Investigar y Sancionar los Delitos en Materia de Extorsión representa un paso importante, pero su efectividad dependerá de cómo se implemente en cada estado. El reto está en construir instituciones capaces de aplicarla con firmeza y resultados.

Se requiere homologar legislaciones locales, fortalecer fiscalías, crear unidades especializadas, mejorar la atención a víctimas y garantizar mecanismos efectivos de investigación.

También resulta indispensable atender un problema que durante años ha alimentado este delito: la operación criminal desde centros penitenciarios.

Pero, sobre todo, se necesita voluntad política.

La seguridad no puede seguir tratándose como un tema secundario frente al desarrollo económico.

Son temas inseparables.

Ninguna estrategia de inversión será suficiente si las empresas operan bajo amenazas.

Ningún proyecto de crecimiento podrá consolidarse si la extorsión continúa creciendo sobre la vida productiva del país.

México tiene talento, capacidad productiva y potencial para competir globalmente.

Pero ninguna economía puede fortalecerse cuando el miedo se convierte en un costo permanente para producir, emprender o generar empleo.

La seguridad es una condición básica para construir confianza, estabilidad y futuro.

Porque cuando la extorsión se apodera de la vida cotidiana, lo que está en riesgo es la posibilidad misma de construir un país donde valga la pena invertir, trabajar y crecer.

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