
Artículo de Opinión escrito por Juan José Sierra Álvarez , Presidente Nacional de COPARMEX | Vía: @Aaurorademexico X:@jsierraalvarez
Con el Mundial ya en marcha, México vuelve a convertirse en anfitrión de uno de los eventos más importantes del planeta. La conversación pública se concentra en los estadios, los partidos, las selecciones y los millones de visitantes que recorren el país. Sin embargo, el desafío más importante está fuera de la cancha.
La verdadera pregunta es qué vamos a hacer con esta oportunidad.
México tiene frente a sí una plataforma excepcional para mostrar al mundo su talento, su capacidad productiva, su riqueza cultural y el potencial de sus regiones. Pocas veces un país cuenta con una vitrina global de esta magnitud. Millones de personas observan nuestras ciudades, utilizan nuestros servicios, recorren nuestros comercios y conocen de primera mano la calidad de nuestra oferta turística y empresarial.
Los datos muestran que el sector productivo es consciente del potencial que representa este evento. De acuerdo con #DataCoparmex, el 53% de las Empresas considera que el Mundial mejorará el entorno económico para hacer negocios y el 55.1% prevé oportunidades directas o indirectas derivadas de su realización.
Las expectativas son particularmente positivas en actividades relacionadas con turismo, alojamiento, alimentos, comercio, entretenimiento, movilidad y servicios. Son sectores que tendrán una participación directa en la experiencia de millones de visitantes nacionales e internacionales.
Pero los efectos positivos comenzaron a manifestarse incluso antes del arranque del torneo y hoy ya pueden observarse en distintos sectores económicos de las entidades sede.
Entre 2020 y 2024, Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León incorporaron más de 184 mil nuevas unidades económicas. En las tres entidades también se observa una expansión significativa de servicios vinculados con hospedaje, movilidad, actividades recreativas y oferta turística.
Detrás de estas cifras hay Empresarios que decidieron invertir, ampliar capacidades, modernizar instalaciones y prepararse para competir en un entorno cada vez más dinámico.
Sin embargo, el verdadero éxito del Mundial no deberá medirse únicamente por la derrama económica generada durante algunas semanas.
La historia internacional demuestra que los grandes eventos producen resultados duraderos únicamente cuando forman parte de una estrategia de largo plazo. La infraestructura, la conectividad, la promoción internacional, la atracción de inversión, el fortalecimiento del turismo, la incorporación de más MiPyMEs a las cadenas productivas y la proyección global del país deben convertirse en beneficios permanentes.
Ese es el reto de fondo. Aprovechar el Mundial para consolidar ventajas competitivas que permanezcan mucho después de que el último aficionado abandone el estadio.
La oportunidad es especialmente relevante para miles de micro, pequeñas y medianas empresas que representan el corazón de la economía mexicana. Para muchas de ellas, este evento puede significar acceso a nuevos mercados, clientes, alianzas estratégicas y posibilidades de crecimiento que trasciendan el corto plazo.
Pero para lograrlo también necesitamos condiciones adecuadas. La seguridad, la certeza jurídica, la movilidad, la disponibilidad de energía y la coordinación efectiva entre autoridades y sector privado serán factores determinantes para que el potencial económico del Mundial se traduzca en resultados concretos.
México tiene la oportunidad de demostrar que puede organizar exitosamente un evento global. Pero, sobre todo, tiene la oportunidad de demostrar que sabe convertir una coyuntura internacional en una plataforma de desarrollo.
Cuando el árbitro marque el final del último partido, comenzará la verdadera evaluación.
El marcador más importante no estará en las pantallas de los estadios. Estará en la cantidad de inversiones que logremos atraer, en las empresas que logremos fortalecer, en los empleos que logremos generar y en la capacidad que tengamos para convertir este momento en un legado de crecimiento para las próximas décadas.
Porque el partido más importante del Mundial 2026 no se jugará en la cancha. Se jugará en la capacidad de México para aprovechar una oportunidad histórica y cambiarla a desarrollo permanente.



