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La educación debe ser la apuesta

Artículo de opinión escrito por Lorena Jiménez Salcedo, Presidenta de la Federación Bajío Centro de Coparmex

Un pedagogo fundamental de nuestra era, John Dewey, decía que “La educación no es preparación para la vida, sino que la educación es la vida en sí misma”, pues consideraba acertadamente que el aprendizaje sólo llegaba cuando el alumno se encontraba estimulado, y nada mejor para estimular habilidades y capacidades que las experiencias mismas de la vida.

Hay otra frase de Confucio que refleja perfectamente lo importante de aprender con la práctica: “Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí”.

Esto lo destaco, pues hace unos días se llevó a cabo en la ciudad de Querétaro, el lanzamiento de la Alianza Empresarial para la Educación Dual Centro-Bajío-Occidente, un modelo educativo que ha funcionado muy bien en Alemania, el cual busca que los universitarios combinen sus estudios teóricos de la escuela con las prácticas en la industria. Un esquema de experiencias prácticas profesionales que fortalecen al estudiante en sus áreas de conocimiento y por supuesto, a las empresas, las cuales pueden formar mano de obra calificada y que una vez concluido su periodo de aprendizaje práctico se pueden integrar a sus procesos productivos bajo la filosofía y estándares de calidad establecidos por la organización.

Para nadie es un secreto que el Bajío ha destacado en los últimos años por su desarrollo y crecimiento económico e industrial, convirtiéndose en la región más competitiva y de mayor impulso de nuestro país. Pero esto ha sido posible gracias a iniciativas como esta, en las que sólo haciendo sinergia, tendiendo puentes y apostándole a la educación y a la innovación, es como podremos garantizar que la productividad y competitividad de la región se conserven en un estado dinámico y de permanente crecimiento.

Sin duda, adherir experiencia al capital humano nos lleva a la prosperidad y porque el modelo dual ya ha mostrado sus virtudes con muchas historias de éxito.

Como lo consideraba el mismo Dewey hace 100 años, no hay mejor educación que la centrada en el desarrollo de la experiencia del escolar; no hay mejores resultados que los adquiridos a través de aprendizajes dinámicos.

Por ello, es muy importante que este acuerdo no sólo sea regional sino que se convierta en nacional, porque el mercado de hoy no deja de ser un mercado de habilidades y competencias que reta a todas las economías del mundo a contar con altos estándares de capital humano.

Por eso, es importante hacer un llamado a los gobiernos, a la sociedad civil, empresarios, académicos y organismos internacionales, para impulsar un acuerdo que privilegie la educación de calidad como motor de cambio hacia el progreso empresarial y social.

Es urgente hacer un alto en el camino y reflexionar sobre las prioridades y agendas que debemos procurar y defender, como empresarios, como gobiernos locales, como gobierno federal y como sociedad civil.

Es urgente lograr un acuerdo que permita gradualmente eliminar rezagos, elevar la calidad y apostar por el desarrollo de capacidades individuales, pero sobre todo, que permita a la educación ser un verdadero elemento de movilidad social en nuestro país.

Porque esa movilidad social de muchos es una deuda que nos obliga, pues si bien México tiene una agenda pendiente extensa que pasa hoy por el crecimiento de pobreza, el debilitamiento institucional, la falta de garantías a la inversión, la inseguridad y violencia o la corrupción, podemos considerar con certeza que una muy buena piedra angular para armar el país que queremos para nuestros hijos, es la educación.

Con todos los retos que enfrenta nuestro país, es un buen momento para el asociacionismo. Es un buen momento para plantarle cara a los temas nacionales y realmente ser partícipes de la vida democrática y política de nuestro país.

Insisto en que la apuesta por la educación es vital en cualquier plan de desarrollo, pero lo es más hoy a la luz de cualquier plan de recuperación post covid.

Invertir en educación y ciencia permite sofisticar nuestro mercado y construir más valor con menos. Permite a la vez acceder, como ya lo dije, a una mayor y mejor equidad social. Pero sobre todo permite darle a México un pasaporte de futuro que mantenga el peso específico de nuestra economía, capacidad instalada y mano de obra, entre las más atractivas del mundo.

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