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Neopopulismo autoritario

Artículo de opinión escrito por Gerardo Trejo Veytia, Secretario General de Coparmex | Vía @ElUniversal

Es cada vez más evidente que la llamada Cuarta Transformación incluye una inquietante combinación de medidas populistas y tendencias autoritarias. El reciente paquete de iniciativas de ley y cambios constitucionales presentados por el presidente de la República no aborda los principales problemas del país y, en su mayoría, son estrategias demagógicas para ganar apoyo popular mientras se pretende erosionar las instituciones democráticas, construyendo un poder ejecutivo autoritario sin contrapesos.

El momento de la presentación de estas iniciativas no podría ser más inoportuno, ya que estamos inmersos en el proceso electoral para renovar el Poder Ejecutivo y Legislativo. Sólo se puede interpretar como un intento del presidente por incidir indebidamente en el proceso a favor de su partido y movimiento.

La salud de una democracia depende, en gran medida, de la separación de poderes y de la fortaleza de sus instituciones. La erosión de la independencia judicial, el debilitamiento de los equilibrios y contrapesos, y la utilización de las instituciones para fines partidistas son grandes amenazas.

Algunas tácticas neopopulistas incluyen la repetición de un discurso simplista y polarizante, con una narrativa fácil de entender y propuestas demagógicas que ofrecen soluciones superficiales a los problemas de los mexicanos.

Según AMLO, el origen de todos los problemas es el modelo neoliberal instaurado en el pasado, donde una “minoría rapaz”, supuestamente, se beneficiaba a expensas del “pueblo”. Esta “minoría rapaz” incluye a grandes empresarios, al poder judicial, a la oposición, a los conservadores y a los organismos autónomos, entre otros.

La demagogia populista plantea desafíos importantes para la sociedad, ya que socava la confianza en nuestras instituciones, fomenta la polarización, daña la certeza para la inversión y debilita la calidad del debate político.

Algunas de las iniciativas presentadas representan un peligro para nuestra democracia y libertades, como la propuesta de reforma electoral y judicial, y la desaparición de organismos autónomos. Ninguna de las 20 propuestas aborda integralmente los principales problemas que sufrimos los mexicanos hoy en día, como la inseguridad incontrolable en todo el territorio nacional con aumentos significativos en la extorsión, el cobro de piso y el robo de mercancías en tránsito.

La solución simplista de “abrazos, no balazos” resulta cada vez más inoperante y absurda en el contexto actual. Hay pueblos y ciudades enteras aterrorizadas por la delincuencia organizada, donde los pequeños comerciantes y empresarios no pueden trabajar sin pagar un cobro de piso a la delincuencia organizada, y aquellos que se niegan a pagar, tienen que cerrar sus negocios para evitar el riesgo de una agresión violenta.

¿Por qué el presidente de la República no está concentrado en resolver este complejo problema con acciones contundentes contra estos grupos del crimen organizado? ¿Por qué no modifica la fallida estrategia de “abrazo, no balazos”? ¿Por qué el presidente no presenta un plan para aumentar la capacidad eléctrica en el país, tan necesaria para aprovechar la coyuntura geopolítica de la relocalización de empresas? ¿Por qué no hay un plan efectivo para resolver el desabasto de medicinas? ¿Por qué no hay suficiente inversión pública y obras de infraestructura para resolver la escasez de agua en las regiones afectadas? ¿Por qué no hay un plan integral para facilitar que el 55% de los mexicanos que trabajan en la informalidad puedan formalizarse, accediendo a la seguridad social y planes de retiro?

Reconocer las amenazas a nuestra democracia es el primer paso para su protección. La polarización, la desinformación y la erosión institucional son desafíos que debemos evitar. La democracia en peligro nos llama a la acción colectiva, recordándonos que su preservación depende de la participación activa y la vigilancia constante de todos los ciudadanos. La promoción de un debate informado y la defensa de los valores democráticos son herramientas fundamentales para contrarrestar los efectos negativos de la demagogia populista en nuestro país. No es momento de intentar consolidar una especie de régimen neopopulista autoritario. Lo que se requiere con urgencia es abordar y resolver los problemas reales que aquejan a los mexicanos todos los días. Urge seguridad, medicinas, simplificar la formalidad, infraestructura hidráulica y electricidad suficiente. Urge menos demagogia y más resultados. Urge consolidar una verdadera economía de libre mercado con Desarrollo Inclusivo, donde los mexicanos puedan desarrollar sus potencialidades al máximo y progresar con su creatividad, trabajo y esfuerzo.

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