
Artículo de Opinión escrito por María Arias Enríquez | Presidenta de la Comisión Nacional de Negocios y Financiamiento de Coparmex | Vía: @ElFinanciero_Mx
Una buena planeación patrimonial permite ordenar activos, definir roles, anticipar escenarios y proteger aquello que tanto trabajo ha costado construir.
Las cifras recientes revelan una realidad que no podemos ignorar. En México, solo en 2024, se registraron 31.3 denuncias diarias por extorsión, con pérdidas que superan los 21 mil millones de pesos. Más allá de los números, estas cifras representan historias de vida, proyectos que se detienen y patrimonios familiares que se ponen en riesgo. Desde COPARMEX hemos insistido en que la inseguridad no solo afecta la actividad económica; toca el corazón de nuestras MiPyMEs, esas empresas que sostienen empleos, sueños y trayectorias familiares.
En este contexto, la conversación sobre planeación patrimonial se vuelve indispensable. No se trata de un concepto reservado a grandes fortunas, sino de una herramienta esencial para cualquier familia empresaria o MiPyME que busque continuidad, estabilidad y visión de largo plazo. Ante escenarios de incertidumbre, cada día veo cómo las decisiones financieras bien estructuradas se convierten en un verdadero escudo protector.
Como presidenta de la Comisión de Negocios y Financiamiento de COPARMEX Nacional y como asesora de familias empresarias, he aprendido que la construcción patrimonial no empieza con números, sino con preguntas profundas:
¿Qué queremos preservar? ¿Qué legado queremos dejar? ¿Está nuestra empresa preparada para enfrentar riesgos externos?
Cuando estas conversaciones suceden, todo cambia: la empresa se fortalece, la familia encuentra claridad y el futuro deja de sentirse incierto.
Una buena planeación patrimonial permite ordenar activos, definir roles, anticipar escenarios y proteger aquello que tanto trabajo ha costado construir. Y es aquí donde contar con especialistas —ya sea una fiduciaria sólida o un family office profesional— marca la diferencia. En mi experiencia acompañando a familias y empresas desde espacios como Widsom Family Office, he visto como un acompañamiento adecuado no solo da estructura, sino también paz. Una paz que se traduce en mejores decisiones, más crecimiento y mayor resiliencia.
Hoy, nuestras MiPyMEs necesitan más que nunca esta conversación. No basta con reaccionar ante el entorno; debemos adelantarnos, prepararnos y fortalecer lo que sí depende de nosotros: la forma en que cuidamos nuestro patrimonio y el de quienes dependen de nuestra labor empresarial.
La planeación patrimonial no es un trámite financiero, es un acto de responsabilidad, de amor por la familia y de compromiso con el futuro de México. Si queremos que nuestras empresas sigan siendo motor económico y tejido social, debemos dar el siguiente paso: pensar a largo plazo y protegernos inteligentemente.
Este es el momento de reflexionar, de abrir espacios de diálogo y de atrevernos a tomar decisiones estratégicas. No por miedo, sino por visión. El mejor blindaje que una MiPyME puede tener es una planeación patrimonial seria, humana y orientada a trascender.
La invitación es clara: detengamos el ritmo por un momento y preguntémonos qué estamos haciendo hoy para asegurar el mañana. Porque el futuro no se adivina… se construye. Y empieza con una decisión: planear.



