
Artículo de Opinión escrito por Juan José Sierra Álvarez , Presidente Nacional de COPARMEX | Vía: @eleconomista X:@jsierraalvarez
El Plan México parte de un diagnóstico correcto. Durante años, invertir ha implicado recorrer un laberinto de trámites, enfrentar duplicidades y asumir costos que no generan valor. Por eso, progresar hacia una simplificación administrativa, establecer una ventanilla única y reducir tiempos de resolución no es un asunto menor. Es un paso en la dirección adecuada.
Cuando una empresa puede concentrarse en producir, innovar y generar empleo, en lugar de destinar tiempo excesivo a cumplir procesos innecesarios, el impacto se refleja en mayor competitividad. Esa es la lógica detrás de las medidas anunciadas y es importante reconocerlo.
También lo es el impulso a la capacidad energética. Sin energía suficiente, no hay desarrollo posible. La apertura a esquemas de participación que permitan ampliar la infraestructura envía una señal positiva en un momento en el que la demanda crece y la competencia internacional se intensifica.
Sin embargo, ningún avance administrativo o sectorial puede sostenerse si no se resuelve lo estructural. La certeza jurídica es la garantía de que las reglas no cambian de manera discrecional, de que las instituciones actúan con imparcialidad y de que existen mecanismos efectivos para defender derechos. Cuando esa certeza se debilita, la inversión se detiene, no por falta de interés, sino por exceso de riesgo.
Ahí es donde el Plan enfrenta su mayor reto.
Fortalecer el Estado de derecho exige instituciones sólidas y decisiones que refuercen su autonomía. La defensa del contribuyente, por ejemplo, requiere organismos con independencia técnica y operativa, capaces de actuar como contrapeso real. Cualquier ajuste que ponga en duda esa función impacta directamente en la confianza.
Lo mismo ocurre con el sistema judicial. La calidad de quienes imparten justicia define, en gran medida, la percepción de legalidad en el país. Asegurar procesos de selección basados en mérito, experiencia e imparcialidad es una condición indispensable para que exista certidumbre en la aplicación de la ley.
A esto se suma un factor que no puede seguir tratándose como secundario: la seguridad. La actividad productiva ocurre en territorios concretos, donde las empresas y los trabajadores enfrentan riesgos reales. Sin condiciones de seguridad, cualquier esfuerzo por atraer inversión queda limitado.
También es necesario mirar la implementación. Un plan puede ser sólido en su diseño, pero perder efectividad si no se ejecuta de manera uniforme. La coordinación entre Federación, estados y municipios será determinante para que los beneficios de la simplificación realmente se traduzcan en mejores condiciones para quienes emprenden e invierten.
Hoy, el país tiene una oportunidad que no admite improvisaciones. El entorno global ofrece espacios para crecer, pero también exige señales claras. La relación con nuestros principales socios comerciales, la estabilidad interna y la consistencia en las decisiones públicas influyen directamente en cómo se percibe a México.
El crecimiento sostenido se construye sobre bases firmes. Seguridad, energía suficiente, certeza jurídica y un Estado de derecho sólido son condiciones indispensables.
El Plan México puede convertirse en un punto de inflexión.
Pero su verdadero alcance no dependerá solo de las medidas anunciadas, sino de la capacidad de generar confianza. Porque al final, invertir es, sobre todo, un acto de confianza en el futuro del país.



