
Artículo escrito por Sandra Valentina López Hernández , Presidenta de la Comisión Nacional de Desarrollo Ecológico y Sustentable de Coparmex | Vía: @AuroradeMexico
En toda democracia, las reglas del juego son tan importantes como los resultados. Son ellas las que brindan certidumbre a la ciudadanía, ordenan la competencia política y permiten que las instituciones funcionen con legitimidad. Cuando esas reglas se modifican sin el consenso necesario, se abre un espacio de incertidumbre que debilita la confianza en el sistema democrático.
La reciente votación en la Cámara de Diputados sobre la reforma constitucional en materia electoral dejó claro que no existen las condiciones políticas para modificar las bases que rigen nuestro sistema electoral. La iniciativa enviada por el Poder Ejecutivo obtuvo 259 votos a favor, 234 en contra y una abstención, lejos de la mayoría calificada requerida para reformar la Constitución.
Este resultado confirma que las reglas que sostienen la vida democrática del país deben surgir de un acuerdo amplio entre las fuerzas políticas y de la participación ciudadana. Las normas electorales no pueden responder a coyunturas políticas ni a decisiones que profundicen la polarización, porque su legitimidad depende, precisamente, de que sean reconocidas por todos los actores del sistema democrático.
Más allá del debate legislativo, es importante recordar que México enfrenta retos urgentes que demandan atención prioritaria. La seguridad en diversas regiones del país, el fortalecimiento del Estado de derecho y la necesidad de impulsar el crecimiento económico son desafíos que requieren soluciones inmediatas y sostenidas.
El contexto económico refuerza esta necesidad. La inversión productiva ha mostrado señales de debilitamiento y la confianza empresarial se mantiene en niveles moderados. En este entorno, la estabilidad institucional se vuelve un factor clave para generar las condiciones que permitan atraer capital, impulsar la productividad y generar más empleos formales.
A ello se suma una coyuntura estratégica para el país. La próxima revisión del Tratado México, Estados Unidos y Canadá, así como las oportunidades derivadas de la relocalización de cadenas de suministro, colocan a México en una posición relevante dentro de la economía regional. Para aprovechar estas oportunidades, es indispensable fortalecer la certeza jurídica y enviar señales claras de estabilidad a inversionistas nacionales e internacionales.
La experiencia internacional demuestra que las economías que logran crecer de manera sostenida son aquellas que cuentan con instituciones sólidas, reglas claras y marcos regulatorios estables. La confianza no se construye de un día para otro, es resultado de decisiones públicas que privilegian la estabilidad y la previsibilidad.
Por ello, en el contexto actual, la prioridad debe ser concentrar los esfuerzos del país en fortalecer las condiciones que permitan generar crecimiento, atraer inversión y ampliar las oportunidades de desarrollo para millones de mexicanos.
México necesita estabilidad política, instituciones sólidas y reglas claras que garanticen la certeza necesaria para quienes invierten, generan empleo y contribuyen al desarrollo nacional. Preservar esa estabilidad es, hoy más que nunca, una condición indispensable para construir un futuro de crecimiento y bienestar.



