Cómo Medir la Innovación en la Educación

Artículo de opinión de Luis Durán, Presidente de la Comisión de Educación de Coparmex

Twitter: @LuisEDuran2

Cada vez es más común escuchar de sofisticadas y novedosas herramientas o prácticas que buscan mejorar la educación. Pero ¿qué tanto han contribuido al desempeño educativo de los estudiantes alrededor del mundo? ¿Cómo distinguir aquéllas que realmente están haciendo una diferencia en el aula?

Con miras a responder estas preguntas, desde hace algunos años la OCDE publica reportes que tratan precisamente de medir el impacto de la innovación en la mejora de la educación, es decir, monitorear si los nuevos productos o prácticas están generando mejores resultados educativos y, con base en información basada en evidencia, orientar a los tomadores de decisión y responsables de elaborar políticas públicas. Al hablar de innovación, no necesariamente se hace referencia al uso de la tecnología, sino que se considera a cualquier producto o proceso nuevo (o combinación de ambos) que difiere en forma significativa de lo que se hacía anteriormente.

En su más reciente edición, el reporte de la OCDE utiliza principalmente dos perspectivas para abordar estos temas: identifica innovaciones significativas en los sistemas educativos y construye métricas para examinar la relación entre la innovación educativa y los cambios en los resultados escolares en los últimos diez años.

Para ello, realiza un análisis detallado de más de 150 distintas prácticas innovadoras en el aula y las escuelas primarias y secundarias, señalando la relevancia de cada una de ellas, el cambio registrado a nivel OCDE, y los países en los cuáles se ha notado un mayor cambio en dicha práctica. Estas innovaciones van desde prácticas para desarrollar habilidades técnicas en las ciencias, hasta métodos revolucionarios para las tareas.

En términos generales, el reporte señala que algunos de los factores de innovación conducentes a la mejora educativa es contar con docentes y directivos de las escuelas con las habilidades y apertura para la novedad, la capacidad de las instituciones educativas para absorber y mejorar en el conocimiento y la práctica, una regulación que no sea rígida, y la inversión en investigación y evaluación.

Al analizar más a detalle cada una de las prácticas, llama la atención, por ejemplo, que algunas de las innovaciones que han probado impactar de forma significativa el logro educativo de los estudiantes, no necesariamente implican grandes cambios tecnológicos o inversiones cuantiosas de recursos. Es decir, en ocasiones, pequeños cambios tienen el poder de derivar en grandes resultados y prueba de ello es que no existe una clara vinculación entre innovación y gasto por alumno. Un ejemplo de cambios que están generando resultados positivos en el aula y las escuelas, es el desarrollo profesional de los profesores y la colaboración y aprendizaje entre pares, mediante el cual los profesores aprenden unos de otros observando sus procesos de enseñanza y generando comunidades de aprendizaje profesional. Este tipo de prácticas son cada vez más utilizadas en todos los países y los resultados han probado ser muy alentadores.

El reporte invita a una profunda reflexión sobre dónde debiéramos enfocar nuestros esfuerzos y recursos, utilizando como insumo la evidencia sobre aquellas prácticas que están probando impactar en mayor medida el ecosistema educativo. La innovación en la educación no es un objetivo en sí mismo, sino un medio para alcanzar el objetivo concreto de mejorar los resultados educativos. La innovación es un proceso que puede ser modificado constantemente para dirigirlo hacia los cambios que se pretenden lograr.

Luis durán

Presidente y director general de Laureate y de la Universidad del Valle de México.

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