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Declaratoria sobre Justicia y Paz

Estos últimos días hemos andado entre las mujeres y los hombres de los pies ligeros y no sólo porque corren, sino porque a través del baile, de la danza, manifiestan su religiosidad y su concepción del mundo. 

De los Rarámuris aprendimos sobre su cultura, que enseña el valor del respeto a lo divino, a lo humano y a lo natural como parte de un todo armónico; sin embargo, ese espíritu es violentado por un clima de inseguridad, violencia y marginación. 

Lo que observamos aquí y que se vive en distintas partes de México, principalmente en zonas donde habitan los pueblos originarios, es el resultado de años de omisión e indiferencia que deben cesar, no por decreto, sino por humanidad. 

Si bien los habitantes de la Sierra Tarahumara no han estado solos del todo, pues cuentan con los hermanos Jesuitas que misionan aquí desde hace más de 400 años, además de otros grupos religiosos y civiles; ante los enormes desafíos, toda la colaboración es necesaria. 

Aunque sabemos que la autoridad se esfuerza en hacer su parte, falta sumar acciones solidarias para que en la Sierra Tarahumara y en cada región del país el piso se haga parejo para que las oportunidades puedan llegar para todos. 

Por ello, hoy hacemos un llamado por la justicia y por la paz en los pueblos originarios y en todo México.  Llamamos a que, en cada rincón del territorio nacional, los gobiernos locales, estatales y el federal, generen las condiciones necesarias para construir la paz, para garantizar la seguridad y la justicia para todos. 

Por nuestra parte, desde el Estado Grande de México, en el corazón de la Sierra Tarahumara que es el hogar del pueblo Rarámuri, del pueblo Guarijío, del pueblo Pima, del Tepehuano y de todos los mexicanos y mexicanas que amamos este país, los empresarios de Coparmex decimos: 

¡ a nuestro compromiso de poner al centro de nuestras acciones a las personas! 

¡a nuestra responsabilidad social de contribuir, desde la familia y la empresa, a transformar toda realidad lacerante que se vive en el país!  

¡a colaborar con quienes sufren hambre y marginación!

¡a la condena enérgica contra todo tipo de violencias, las desapariciones, los feminicidios y la inseguridad! 

¡al diálogo y a la colaboración respetuosa para lograr la paz que todos anhelamos! 

Seamos todos promotores de la justicia y la paz; comencemos por nuestra familia, por la escuela, por la empresa, por los sindicatos, las organizaciones de la sociedad civil. 

Que esta búsqueda incesante de paz social pase por el gobierno y detenga la polarización que genera odio, resentimientos y violencia; construyamos diálogo, cercanía y confianza para reconstruir el tejido social y exijamos a las autoridades hacerlo juntos.

Se va a cumplir un año del cruento asesinato de dos padres jesuitas y un guía de turistas, en Cerocahui, en esta Sierra Tarahumara. Por eso llamamos a las autoridades de los tres órdenes de gobierno a abrazar esta causa y a coordinar sus esfuerzos de manera efectiva, sin cálculos ni intereses particulares, para darle a México la justicia y la seguridad que se merece.

Nuestro país enfrenta un panorama grave de inseguridad y violencia que empeora con la corrupción que carcome a las instituciones, desde las autoridades locales y de seguridad pública, hasta los ministerios públicos y jueces, lo que impide que existan investigaciones sólidas y sanciones ejemplares contra quienes bajo el manto de la impunidad, delinquen sin ser castigados. 

Por ello, en este llamado a las autoridades para trabajar por la Justicia y la Paz, establecemos como mínimo necesario el robustecer las políticas de prevención e investigación del delito para que ningún crimen quede impune, dejándonos a los ciudadanos en un estado de indefensión, insatisfacción e injusticia social. 

Es momento de que la colaboración entre los Gobiernos, la sociedad, la academia y el sector empresarial se traduzca en una acción contundente, con resultados y con proyecto de largo plazo. 

En ese sentido, y ya lo hemos dicho, es necesaria una reforma del Sistema de Justicia para que sea más ágil, menos burocrático, con profesionalización, tecnificación y digitalización, porque si la justicia no es pronta y expedita, no es justicia.  

Los empresarios ya estamos aquí, con el corazón  dispuesto y alzamos la voz y pedimos a las autoridades que se integre una verdadera estrategia de prevención del delito.

Pedimos que aquí, en el corazón de la Sierra Tarahumara y en todo México, que se concluyan conforme a la ley los procesos de justicia, de investigación, persecución, juicio y sanción y que quienes quebrantan las normas, quienes roban y matan sin piedad; quienes extorsionan y lastiman a la sociedad, sean denunciados, investigados, juzgados y sentenciados. 

Desde Coparmex refrendamos nuestro compromiso con el bienestar de los pueblos originarios y con la sociedad, a través de acciones muy puntuales:

  1. La inversión en proyectos de desarrollo, de la mano con las comunidades urbanas y rurales.
  2. La participación empresarial, con una visión propositiva, en los consejos de seguridad pública municipales y estatales.
  3. El impulso a organizaciones que trabajan en la construcción de la justicia y de la paz. 

Además, respaldamos estrategias orientadas a que la cifra negra del delito que supera el 93 por ciento descienda gracias a la cultura de la denuncia.

Promovemos que exista una correcta impartición de justicia: No más presos sin sentencia, no más víctimas sin reparación del daño; no más cárceles sin readaptación.

Sí a un sistema de prevención integral contra la violencia, el delito y las adicciones, uno que comprenda todo el sistema educativo, que esté presente en los programas sociales, que tenga resonancia en las empresas. 

Sin duda, el Seminario Nacional de Formación Creel, Chihuahua, nos ha cambiado. La realidad de México que se vive en la Sierra Tarahumara es un aprendizaje invaluable que nos permitirá incrementar las acciones de desarrollo inclusivo en cada una de las 105 ciudades de este país en donde tenemos 

presencia como Coparmex, a través de los Centros Empresariales, sus delegaciones y representaciones.

Además, esta experiencia nos permitirá compartir nuestras reflexiones y propuestas con los Obispos de México, con quienes nos reuniremos el 3 de julio en el Iteso, Universidad Jesuita de Guadalajara, para avanzar en la construcción de un México con desarrollo inclusivo, en donde la justicia y la paz es parte de ese Desarrollo Inclusivo y que invitaremos a los gobiernos a que se sumen. 

Si queremos un futuro con igualdad e inclusión, con desarrollo económico, social y sostenible, como el México que proponemos en el Modelo de Desarrollo Inclusivo, debemos actuar ya.

Hoy, desde Chihuahua  

  • Exigimos justicia para los desaparecidos y sus madres que los buscan;
  • Exigimos justicia para las mujeres víctimas de feminicidio;
  • Exigimos justicia por quienes han sido asesinados; 
  • Exigimos justicia por las familias desplazadas que peregrinan buscando la paz. 
  • Y levantamos la voz por todos aquellos que, siendo víctimas de algún delito u omisión gubernamental, esperan una justicia que tarda en llegar. 

Ha llegado el tiempo de actuar.  Es preciso que se consolide un verdadero Estado de Derecho; que, en toda nuestra patria, los Derechos Humanos establecidos en la Constitución sean respetados y cumplidos para que tome vida el México con justicia y paz que todos anhelamos.

Vamos juntos, sin que nadie se quede atrás.

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