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El futuro de la economía mundial

Artículo escrito por Luis Durán, Presidente del Comité de Difusión de la COPARMEX vía Forbes México

En estos últimos meses hemos vivido muchos acontecimientos complicados y políticas macroeconómicas sin precedentes que se combinan para poner en crisis el desarrollo y crecimiento de la mayoría de los países del mundo. En semanas recientes hemos visto cómo la mayoría de los bancos centrales de las economías más importantes del mundo han aumentado sus tasas de interés buscando detener la alta inflación que se ha desatado a nivel mundial. Es evidente que hay una preocupación sobre una desaceleración que pueda llevar a muchas economías a la inestabilidad. La economía global enfrenta una dura realidad.  Esto tiene consecuencias para todos nosotros debido a la naturaleza interrelacionada de las economías. Incluso si las economías avanzadas se estabilizan, las condiciones para los países en desarrollo corren el riesgo de ir de mal en peor. Ante la próxima reunión anual de las dos instituciones financieras globales más importantes, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial del 10 al 16 de octubre de 2022, vale la pena evaluar cuáles son algunos de los temas que requieren atención más apremiante y cuáles podrían ser algunas de sus consideraciones clave.

La realidad es que los grandes retos derivados de la pandemia del COVID-19, seguido de la invasión rusa a Ucrania con todas sus consecuencias en las cadenas de valor globales, son dos golpes a la estabilidad mundial que hacía muchas décadas no ocurría. Es una doble crisis que amenaza prácticamente a todos los países del mundo. Sin embargo, el efecto en los países en desarrollo seguramente será mayor. El mundo en desarrollo se enfrenta a un panorama a corto plazo extremadamente difícil, moldeado por el marcado aumento de los precios de los alimentos, los fertilizantes y la energía, el incremento de las tasas de interés y los diferenciales de crédito y las salidas de capital. Según un reporte del Banco Mundial, bajo las políticas actuales la producción mundial de energía puede tardar años en diversificarse fuera de Rusia, prolongando el riesgo de estanflación. Estas ondas de choque se presentan en un momento en que muchos países en desarrollo también están luchando en otras áreas: gobernanza y Estado de Derecho, sostenibilidad de la deuda, adaptación y mitigación del cambio climático y presupuestos fiscales limitados para contrarrestar los graves retrocesos en el desarrollo causados por la pandemia del COVID-19, incluso en salud y educación.

Ante todos estos retos, las más grandes economías del mundo tendrán que dedicar recursos importantes a proteger y cuidar sus propias economías. Si las políticas fiscales y monetarias actuales se convierten en la nueva “normalidad”, esto implicaría una fuerte absorción de capital mundial por parte de los gobiernos de los países con las economías más desarrolladas, prolongando la sub-inversión en los países en desarrollo y obstaculizando el crecimiento futuro. Ya hemos hablado en esta columna en el pasado del riesgo hacia un enfoque aislacionista por parte de los países más prósperos. Basta ver los resultados de las elecciones recientes en Italia para entender que esta tendencia es un riesgo real hoy por hoy. Estos temas deberán ser abordados con astucia y efectividad en la próxima reunión FMI/Banco Mundial.

Es importante entender que para atender estos enormes problemas el único remedio eficaz es la cooperación internacional. Es nuestra única salida para un futuro más justo y resiliente. Sería útil recordar cómo se gestó una de las épocas de crecimiento más extraordinarias en la historia de nuestro planeta. Precisamente después de una de sus peores crisis, la Segunda Guerra Mundial. El origen del FMI y del Banco Mundial: La conferencia Bretton Woods, donde el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Henry Morgenthau expuso un “axioma económico elemental” para ayudar a guiar a los fundadores de estas dos grandes instituciones: “La prosperidad, como la paz, es indivisible.” En el mundo complejo que vivimos, tan lleno de retos y dificultades, los desafíos que enfrentamos son igualmente indivisibles. Nuestros esfuerzos para resolverlos también deben ser indivisibles.

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