El poder transformador de la educación en la seguridad pública

Autor: Xochitl Lagarda Burton

En recientes días en COPARMEX lanzamos el MANIFIESTO MÉXICO, una aportación ciudadana para exigir a los partidos, candidatos y autoridades, se comprometan a no conservar resabios, ni mucho menos regresar a un pasado autoritario, centralizado y clientelar que ha propiciado pobreza, inequidad, desigualdad, ilegalidad, corrupción, privilegios, inseguridad, y el enorme desperdicio de recursos públicos que ha mantenido al País muy por debajo de su potencial.

El #ManifiestoMx sirvió como insumo para el reciente diálogo con los candidatos presidenciales realizado la semana pasada y consta de 7 puntos que consideramos necesarios para mejorar al país, voy a destacar dos, el punto 3 y el punto 5 referidos a la seguridad y a la Educación de Calidad e innovación.

Ambos aspectos son esenciales para nuestro país. Ambos también derechos humanos que necesitan ser garantizados, y es obligación del Estado promoverlos, protegerlos, respetarlos y garantizarlos.

Anteriormente nos hemos referido al poder transformador de la educación y es conveniente retomarlo nuevamente. Los puntos del #ManifiestoMx no son compartimentos estancos, son interdependientes.

¿Qué le puede aportar la educación a la seguridad? Mucho, sin duda, la educación a todos los niveles es necesaria para una mejora real y sustantiva de la policía.

En los últimos años se ha invertido mucho en capacitación, el Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública, el Subsidio para la Seguridad en los Municipios hasta el Programa de Fortalecimiento para la Seguridad, pero los resultados no son perceptibles, la Auditoría Superior de la Federación ha encontrado enormes desviaciones. Incluso, es necesario considerar la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2015 del INEGI, ya que refleja que el índice de Percepción de la corrupción como un acto frecuente, que en el caso de la Policía, llega a un 90%.

Por ello resulta necesario que los esfuerzos del sector público, los actores sociales y de la iniciativa privada, coadyuven a la generación de contenidos de calidad para la formación policial. Se trata de alinearlo con las mejores prácticas nacionales e internacionales, que trabajen en la eficiencia y eficacia. Se debiera considerar no partir de cero y tomar las mejores prácticas de países como Colombia o ciudades como Nueva York para implementarlas con pleno respeto a los derechos para su aplicación exitosa en nuestro país.

La labor transformadora de la Academia Nacional de Policía es una propuesta que deben tomar en cuenta los candidatos presidenciales, y que debe volverse una política pública, trabajando en la formación de las policías en varios niveles como una verdadera vocación con los mejores instrumentos y no como una última opción, se trata de potenciar una educación constante y efectiva, generando de esa forma un círculo virtuoso y transformador para nuestro país.

Por ello, quien apuesta por la educación no se equivoca, y sienta además las bases para una verdadera transformación puntual de la realidad.

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