Autor: Gustavo A. de Hoyos Walther

La jornada electoral ha quedado atrás. Con ella, no cabe duda inicia un cambio de época en la política mexicana. Un partido político que está por cumplir cuatro años con su registro, se constituye ya como la principal fuerza política del País, obteniendo en su primera elección federal, la Presidencia de la República y la mayoría en la dos Cámaras del Congreso de la Unión. Adicionalmente, obtiene la mayoría de las nueve gubernaturas en disputa, y un número muy relevante de Alcaldías y escaños en las legislaturas locales.
Muchas son las causas que se pueden invocar para explicar este fenómeno político. Yo me quedo con una: La Corrupción.
Morena y su líder Andrés Manuel López Obrador, tuvieron la claridad para identificar cual arraigado está el enojo social con este mal endémico, y realizaron una campaña basada, esencialmente, en invocar el combate a la corrupción como la solución a todos los problemas del País.
En cuanto foro se le preguntó al entonces candidato presidencial, sobre la fórmula para combatir los males nacionales y las manifestaciones del mal gobierno, siempre respondió lo mismo: combatiendo la corrupción.
Tercamente, una y otra vez, ese fue el mensaje: Si se erradica la corrupción, México cambiará en beneficio de todos.
En cada mitin, entrevista tras entrevista, y a lo largo de los tres debates presidenciales, sin inmutarse ante la burla de los contendientes y los “memes” en las “benditas” redes sociales, el futuro Presidente Electo, invocó la corrupción como el origen de los males del País, e hizo de su promesa de combatirla, un llamado a la “madre de todas las batallas”.
Andrés Manuel y Morena, entendieron la extensión del flagelo de la corrupción, lo hondo que cala cotidianamente a los mexicanos de todas las edades, regiones y niveles económicos. Así de sencillo. Y por ello lo hicieron el eje de su campaña.
Ahora tendrán frente a sí, ya desde el gobierno, el reto para transformar esa dura realidad. Y no será una tarea fácil. La ciudadania estará expectante, para presenciar las primeras batallas de lo que espera sea una lucha emblemática,una verdadera cruzada, que dure todo el sexenio. Y que se traduzca en resultados palpables en el corto plazo.
El próximo gobierno contará, si sabe aprovecharlo, con una estructura jurídica y social recién constituida, con mandato legal, y ávida de ser participe de esa batalla contra la corrupción que se antoja de proporciones épicas.
La sociedad organizada, la misma de la cual ha dicho desconfía, impulsó la iniciativa ciudadana que condujo en Julio de 2016, a la conformación del Sistema Nacional Anticorrupción, y a partir de ello, los treinta y dos Sistemas Locales Anticorrupción.
Más allá del compromiso personal del próximo Presidente de la República y del empeño de las capacidades institucionales del Poder Ejecutivo, que desde luego tienen gran valía, será la habilitación plena de estos órganos de vertebración social, lo que propiciará que con visión de largo plazo, se pueda emprender una cruzada exitosa contra la corrupción.

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