Evitando un suicidio económico colectivo

Columna escrita para El Economista por Gerardo Trejo Veytia Subsecretario general de la Coparmex.

Twitter: @gerardo_trejo_v

Evitando un suicidio económico colectivo, la pandemia mundial ocasionada por el coronavirus nos sorprendió sin ningún plan razonable, efectivo y coherente para enfrentarla con éxito. Estamos en una guerra contra un enemigo invisible, pero muy poderoso y letal. La Organización Mundial de la Salud nos recomienda aplicar la sana distancia y los gobiernos interpretan que para ganar la guerra tenemos que cerrar la gran mayoría de los negocios, industrias y quedarnos en casa; sin embargo, mientras lo hacemos, observamos todos los días cómo los trabajadores de la salud están en el frente, luchando cuerpo a cuerpo con el enemigo, pero sin el equipo, las armas ni el herramental necesario para ganar la batalla. Al estar cerrada la mayoría de la industria, no ha podido reconvertirse como en guerras anteriores, para diseñar, inventar y producir lo necesario para enfrentar con éxito al enemigo y ganar la guerra.

Sin duda, en estos momentos, hay que aplicar la sana distancia y una proporción de la población debe permanecer momentáneamente en casa para achatar la curva de contagios, evitando saturar los hospitales, pero esta es una medida improvisada y desesperada ante la ausencia de un plan eficaz, que sin duda salvará algunas vidas, pero alargará la pandemia y la agonía económica.PUBLICIDAD

¿Priorizar la salud o la economía? Es un falso dilema, no hay economía sin salud, ni salud sin economía; lo importante es implementar una estrategia para cuidar ambas al mismo tiempo. El plan para enfrentar al virus nunca debió ser un suicidio económico colectivo, paralizando la mayoría de las actividades productivas, afectando la cadena de suministros indispensables para la emergencia, y entorpeciendo el desarrollo de las soluciones definitivas a futuro.

Los retos inmediatos: evitar que los adultos mayores y personas vulnerables se contagien, que los demás no enfermemos al mismo tiempo para no saturar hospitales, y evitar que la economía colapse.

Las equivocaciones del gobierno federal en la estrategia para enfrentar la crisis sanitaria, como el negar la utilidad de las pruebas rápidas masivas y un insuficiente presupuesto e insumos para el sector salud, costarán vidas y alargarán innecesariamente la parálisis económica.

Los empresarios tenemos la doble responsabilidad de cuidar la salud de nuestros colaboradores y la propia, al tiempo que aseguramos la continuidad de nuestras operaciones; para poder sostener los empleos debemos seguir trabajando y generando valor, aún con la sana distancia.

El gobierno pretende dejar a su suerte al sector productivo (empresas y sus trabajadores), negándoles cualquier tipo de ayuda, ni siquiera prórrogas para cumplir con el pago de impuestos y servicios (luz, agua); ni ayudando para garantizar un salario solidario durante la emergencia. La inacción del gobierno costará millones de empleos.

Los empleos no se sostienen ni se crean por decreto; se generan y mantienen cuando hay demanda de bienes/servicios y consumo (ventas a clientes), hoy ausentes.

La posible solución definitiva vendrá en primera instancia de los laboratorios médicos, con algún tratamiento o vacuna; pero mientras llegan, los ingenieros en las fábricas deben inventar y desarrollar dispositivos efectivos para proteger mejor a nuestros soldados, los trabajadores de la salud; también deben fabricar mejores respiradores y elementos para la atención de los pacientes y rediseñar los espacios públicos para que las personas en general puedan reincorporarse lo más pronto posible a sus actividades productivas, con poco riesgo de contagiarse.

Cuando alguien nos dice que esto sólo se solucionará quedándonos en casa indefinidamente, está equivocado, este virus muy probablemente estará con nosotros varios años y pronto tendremos que salir nuevamente, por lo que necesitamos empezar de inmediato a diseñar y fabricar los elementos que nos darán la posibilidad de hacerlo, con una razonable seguridad.

Urge un acuerdo nacional, para que unidos en lo esencial, logremos sortear con éxito la crisis sanitaria y la emergencia económica.

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