En el marco del 8 de marzo, desde COPARMEX advertimos que México no puede aspirar al crecimiento, competitividad ni estabilidad democrática mientras las mujeres, que representan la mitad de su población, continúen enfrentando barreras estructurales para participar plenamente en la economía.
En un contexto de retos económicos, presiones sobre la formalidad y desafíos en seguridad y Estado de Derechos, la igualdad económica de las mujeres deja de ser una agenda sectorial para convertirse en una prioridad estratégica nacional. No se trata solo de conmemorar, sino de reconocer que el rezago en formalidad, liderazgo empresarial, inclusión financiera y corresponsabilidad en los cuidados, no solo les afecta a las mujeres; está limitando el potencial productivo del país.
Cerrar estas brechas es una decisión económica urgente para fortalecer el crecimiento, ampliar la formalidad y consolidar un Estado de Derechos sólido
El empleo formal es la principal palanca de movilidad económica para las mujeres: eleva ingresos, fortalece la autonomía y brinda estabilidad mediante la seguridad social. En México, las mujeres representan el 40.5% de las personas cotizantes en el empleo formal; a nivel ingreso, una trabajadora formal percibe en promedio $12 mil 971 pesos mensuales, frente a $6 mil 331 en la informalidad, una diferencia de 48%.
A pesar de que las mujeres participan en el mercado laboral formal, persiste una brecha salarial. En el sector de actividades relacionadas al bienestar social, cuidados, salud y la educación, donde 6 de cada 10 personas ocupadas son mujeres, ellas perciben en promedio un 10% menos de ingresos que sus colegas masculinos dentro del sector.
La brecha se agrava al considerar el trabajo no remunerado (como las labores del hogar y de cuidados) cuyo valor equivale al 23.9% del PIB. De ese total, las mujeres aportan el 72.6%, una contribución 2.7 veces mayor que la de los hombres. El trabajo no remunerado impide que las mujeres avancen hacia la formalidad. Sin redistribución de responsabilidades y sin la infraestructura de cuidados necesaria, no será posible liberar el potencial productivo de las mujeres en el mercado laboral formal.
Las mujeres enfrentan una brecha más: la falta de autonomía económica, la cual se agrava con la brecha salarial, en donde de cada 100 pesos que recibe un hombre, la mujer recibirá solo 86 por el mismo trabajo, que permea en el acceso a productos financieros como créditos y cuentas bancarias.
Aunque la búsqueda de la inclusión financiera avanza, no resuelve las barreras de fondo: en 2024, 7 de cada 10 mujeres en México contaron con al menos un producto financiero formal –ahorro, inversión o financiación– y aunque la brecha se acorta, según la OIT, las mujeres reciben préstamos de menor cuantía y tienen mayores dificultades para acceder a financiamiento para negocios propios en comparación con los hombres, lo que se traduce como una barrera más para el emprendimiento.
La brecha también es estructural: casi dos décadas nos separan de la paridad en puestos directivos.
Las mujeres ocupan solo el 3% de Direcciones Generales, cifra estancada desde 2021 y, según IMCOKiik, sólo el 4% de las empresas son presididas por mujeres.
Se estima que al ritmo actual, la paridad llegará en 2043. México no puede permitirse esperar casi dos décadas para alcanzar la paridad en el liderazgo empresarial, especialmente cuando las mujeres han cerrado brechas educativas significativas y siempre han aportado al desarrollo económico desde trabajos remunerados y de cuidados.
Hay una deuda pendiente en común a nivel mundial: no se ha alcanzado la inclusión plena laboral de las mujeres y se estima que la brecha económica global tomaría entre 123 y 134 años para cerrarse, generando una potencial pérdida de 28 billones de dólares en el PIB mundial.
Las mujeres aportan el 37% del PIB global, sin contar los más de 10 billones anuales en trabajo no remunerado, el cual equivaldría al 12% del PIB. A pesar de ello, 2 mil 400 millones de mujeres en edad laboral, carecen de igualdad de derechos económicos en 178 países.
Desde COPARMEX reconocemos que la igualdad encamina al desarrollo inclusivo y sostenido que el país requiere, por ello avanzamos en la representación de mujeres en nuestra Confederación: la Secretaría General está encabezada por una mujer; 79.1% de las direcciones de Centros Empresariales (53 de 71); 23% de las presidencias (16 de 71) y 38.5% de las vicepresidencias nacionales (5 de 13) son ocupadas por mujeres. Impulsamos su formación y acceso a espacios de decisión, convencidos de que la diversidad fortalece la competitividad y la legitimidad institucional.
En COPARMEX sostenemos que la desigualdad económica de las mujeres es hoy uno de los mayores frenos estructurales al desarrollo de México.
No puede hablarse de competitividad cuando más de la mitad del trabajo de cuidados recae desproporcionadamente en ellas. No puede hablarse de estabilidad cuando millones permanecen fuera de la formalidad y la protección social. No puede hablarse de democracia plena cuando su presencia en los espacios de decisión económica sigue siendo marginal.
Por ello, hacemos un llamado firme a colocar la igualdad económica en el centro de la agenda pública y empresarial. México necesita:
- Más mujeres en la formalidad, con seguridad social y acceso a retiro.
- Infraestructura de cuidados que libere talento productivo.
- Condiciones regulatorias y financieras que impulsen su emprendimiento.
- Paridad real en consejos y alta dirección.
- Educación digital y financiera que cierre brechas estructurales.
La igualdad es condición para crecer. Este 8 de marzo no sólo reconocemos el aporte de las mujeres; convocamos a acelerar las decisiones que permitan que su talento impulse plenamente la economía nacional. La competitividad del país depende de ello.
Sin igualdad económica para las mujeres, no habrá crecimiento sólido ni estabilidad duradera ni desarrollo incluyente.



