La crisis social

Artículo escrito por Luis Durán, Director General de Strategy Primus y Presidente del Comité de Difusión de la Coparmex.
Twitter: @LuisEDuran2

Durante esta pandemia, se ha hablado mucho sobre la crisis de salud y la crisis económica. Sin embargo, se ha hablado muy poco de la crisis social derivada de todo lo que hemos vivido en el último año. Probablemente nada nos distingue a los seres humanos más que nuestra capacidad y necesidad de socializar. Los seres humanos somos sociales por naturaleza. Vivimos en familias y comunidades porque está en nuestra naturaleza más elemental. Es lo que nos hace diferentes de otros primates: ayudamos, nos reímos, colaboramos, estamos presentes. ¿Quién duda que en esta pandemia la gran mayoría de nuestros hábitos sociales se han visto alterados como nunca?

Si bien esta crisis social afecta a todos los segmentos de la población, todo indica que la población más afectada son los jóvenes. Recientemente la Unión Europea publicó los resultados de un estudio de niños y jóvenes entre 3 y 18 años que lo demuestra claramente. Reportaron que 85.7% de los padres percibieron cambios en el estado emocional y los comportamientos de sus hijos durante la pandemia. Los síntomas más frecuentes fueron dificultad para concentrarse (76.6%), aburrimiento (52%), irritabilidad (39%), inquietud (38.8%), nerviosismo (38%), sensación de soledad (31.3%), ansiedad (30.4%) y preocupación (30.1%). Como es de esperar, los niños en esta pandemia han usado monitores de computadora con más frecuencia y han pasado menos tiempo haciendo actividad física. En nuestro país todas estas condiciones se agudizan porque llevamos más de un año de no tener clases presenciales.

No hay duda que necesitamos atender esta crisis de manera específica y urgente porque las consecuencias de esta recesión social probablemente sean más duraderas y más difíciles de superar que la crisis de salud e inclusive la crisis económica. La historia ha demostrado que el impacto de los desastres en la salud mental supera el impacto físico. Algunos estudios sugieren que la angustia psicológica puede durar hasta tres años después de los eventos que la desataron. Es altamente probable que muchas de las condiciones estresantes empleadas para mitigar la propagación del coronavirus persistan en el futuro cercano, dado el lento y problemático despliegue de las vacunas en todo el país y la necesidad de que las personas vacunadas continúen tomando las precauciones existentes para mitigar el brote. En este sentido, es indispensable que las autoridades responsables formulen políticas que tomen en cuenta que una parte importante de los esfuerzos se debe dedicar a atender la mayor necesidad de servicios de salud mental. De la misma manera, mientras se va implementando esta estrategia a largo plazo, debemos tomar decisiones pragmáticas que ayuden a mitigar de la manera más rápida los efectos negativos en nuestra juventud. Por lo tanto, de manera ordenada y bien planeada, también es indispensable regresar a clases presenciales a la brevedad.

Consulta la versión original en: El Universal, La crisis social

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