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La lucha no termina

Artículo escrito por Lorena Jiménez Salcedo, Presidenta del Comité de Federaciones de Coparmex vía Mujer Ejecutiva

Es evidente el protagonismo que hemos logrado las mujeres en los últimos años en todos los ámbitos. Hemos ganado espacios que antes parecían impensables gracias a la lucha histórica de miles de mujeres convencidas que no sólo debemos observar los cambios, sino ser parte de ellos.

A pesar de esto, aún falta mucho para alcanzar una verdadera igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, así como reducir las decenas de brechas que existen entre nosotras y ellos, pues el avance ha sido mínimo si se analiza a detalle cada caso, particularmente en el ámbito político y empresarial – con algunas destacadas excepciones – donde el lugar de la mujer queda relegado casi a un papel de mera observadora, pues no tiene la posibilidad de tomar decisiones o ejercer realmente el poder sin pedir el consentimiento de otros, particularmente de los hombres.

Al respecto, un informe de la CEPAL explica que: “La autonomía alude a la capacidad que tienen las personas para actuar de acuerdo con su propia elección y no con la de otros; es el resultado del empoderamiento y, a la vez, lo refuerza; la autonomía es relativa al contexto y al grado de desarrollo de una sociedad. El empoderamiento amplifica las voces de las mujeres y se expresa en la capacidad de incidencia política, mientras que la autonomía es el resultado de los cambios producidos en la sociedad tanto en la ampliación de sus espacios de libertad como en la reducción de las brechas de desigualdad”.

Brecha salarial frena equidad de género

Bajo este contexto, sería necesario estudiar cada caso y comprobar si hay una verdadera autonomía en las mujeres en la política para tomar decisiones libres, sin presiones y que vayan encaminadas a generar bienestar común a todos los sectores de la población, pero especialmente al femenino.

Por otro lado, quiero destacar el análisis que realizó el IMCO de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del segundo trimestre de 2022 que bien debe llamarnos a la reflexión y a la respectiva toma de decisiones y acciones, pues no podemos descansar mientras haya una mujer viviendo en condiciones graves de desigualdad, desamparo o violencia generalizada.

Si bien la encuesta señala que, aunque ha aumentado el número de  colaboradoras en el mercado laboral en los últimos años, sigue siendo más de 30 puntos porcentuales menor que la tasa de participación laboral de los hombres.

Además, señala el análisis del IMCO, que nuestra presencia en el ámbito laboral no garantiza condiciones más equitativas en materia de ingreso, ya que aún hay muchos retos en materia de igualdad de ingresos, así como en la percepción de inseguridad, la falta de acceso a apoyos para el cuidado infantil y de adultos mayores y a todo esto hay que añadirle el escenario de violencia machista que aún persiste.

Otro dato, también del IMCO nos dice que, a pesar de que las mujeres somos la mitad de la población total en nuestro país, representamos sólo el 40% del total de la fuerza laboral y un raquítico 11% en los consejos de administración de las empresas accionarias, 13% en las empresas de deuda y 4 % en las direcciones generales de las compañías públicas mexicanas.

Con lo anterior, reitero que aún nos falta mucho para que las mujeres verdaderamente tomemos decisiones y ejerzamos el poder, ya que los puestos estratégicos que ocupamos en la actualidad no llevan el ritmo esperado porque no se les da un carácter prioritario y eso se refleja en las políticas públicas.

Como sociedad debemos impulsar que haya más liderazgos femeninos, más preparadas, conscientes, sensibles, empáticas y que cuando ocupemos algún puesto de poder o influencia sigamos abriendo oportunidades y luchando por atender las necesidades de todas las mexicanas sin excepción.

Debemos comprender que esta causa no es sólo de mujeres, es de todas las personas. De hecho requerimos de hombres aliados, pues necesitamos luchar por un mundo más justo y equitativo, entendiendo que eso sólo se logrará rompiendo creencias y paradigmas y, claro que se puede; hoy tenemos grandes ejemplos del poder de las mujeres, pues somos más, más leídas, más educadas, más preparadas y cómo decía Ruth Ginsburg: “No pido privilegios para mi sexo, sólo que nos quiten el pie del cuello”. #OpiniónCoparmex

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