Por Valeriano Suárez Suárez, Vicepresidente Nacional de Estado de Derecho y Democrático

Twitter: @valerianosuarez

Pocas personas en el mundo podrían -en base a su propia experiencia- definir mejor la paz que la iraní Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz 2003:

“La paz no es sólo ausencia de guerra, la paz es un conjunto de condiciones en una sociedad donde las personas puedan vivir con dignidad; los pilares de la paz son la democracia y la justicia social”. 

Andrés Manuel López Obrador no ha tomado protesta ni ha comenzado su mandato (lo hará el próximo primero de Diciembre), pero ya despacha y es tratado como primer mandatario. Con tanta intensidad vivimos los mexicanos el proceso electoral, que al definirse un ganador, la emoción que nos invade nubla nuestra realidad institucional.

Somos nosotros (sociedad), unos de manera consciente y otros muchos inconscientemente, los que cada seis años enaltecemos hasta convertir en un ser omnipotente y omnipresente a quien, habiendo ganado una elección, en algún momento futuro –cumplimentando un mero tramite-, investiremos como Presidente.

No es de extrañar –al observar el nivel de aceptación de Peña Nieto (20%)- que los mexicanos queramos olvidar, con diligencia, su paso por Los Pinos. Otro asunto es nuestra predisposición para formar parte, como electores, de esa larga luna de miel (mas de ciento cincuenta días) con el mandatario electo. Todo lo que estaba mal; la mafia del poder, la terrible inseguridad, la descarada corrupción y la lacerante impunidad parecen haberse disipado. Ahora; aquel cielo tormentoso luce despejado, radiante y prometedor. Cada día nos ofrecen una serie de anuncios, de planes y promesas con la serenidad y sosiego que suponen el no tener –todavía- ninguna responsabilidad de hacerlas realidad ni de demostrar que sean posibles, convenientes y sostenibles para el Estado.

Bajo esta lógica, esta semana se anunció la terna de candidatos para la Fiscalía General de la República, propuesta por el Presidente Electo, para que el Presidente en funciones tenga a bien enviar al Senado. Tres candidatos seguramente muy calificados, competentes y de probada honorabilidad. Sin embargo, sentar a alguno de ellos en el despacho del Fiscal General; metido en una camisa de fuerza impuesta desde el Poder Ejecutivo, a través del proceso de selección, remoción y capacidad de gestión vigentes, equivale a pretender romper el circulo vicioso de impunidad que nos asfixia, únicamente reemplazando el letrero de entrada a la inservible procuraduría actual.

Tiene mucha razón AMLO cuando dice que la paz y la tranquilidad son fruto de la justicia, por ello, no habrá decisión más trascendente en su mandato que el permitir la conformación de una Fiscalía verdaderamente independiente, autónoma, eficaz y que siga los más altos estándares democráticos, a nivel internacional, para la selección del Fiscal General y los fiscales especiales (www.reforma102.mx).

 

 

 

 

 

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