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De Washington a México: La inclusión de las MiPyMEs como eje de la competitividad en Norteamérica.

Articulo de Opinión escrito por: Rosa Meneses Morales, Consejera Delegada de Comunicación de Responsabilidad Social Empresarial de Coparmex, Vía: @ElIndpendiente

En un entorno global en el que la competencia por atraer inversión es cada vez más intensa, mientras los procesos de integración tienden a fragmentarse en bloques subregionales, la reciente gira encabezada por Juan José Sierra, Presidente Nacional de COPARMEX, a Washington, D. C. adquiere un significado estratégico.

Más allá de una agenda institucional, la visita reafirma una realidad clave: el sector privado mexicano es hoy un pilar estratégico en la relación con nuestro principal socio económico.

Las conversaciones sostenidas con actores de alto nivel, tanto del ámbito público como privado, así como con diversos think tanks, evidenciaron que el interés por México trasciende coyunturas políticas y ciclos de gobierno.

En la antesala de la revisión del T-MEC, y en medio de una acelerada reconfiguración de las cadenas globales de suministro, América del Norte enfrenta una oportunidad difícil de repetir: consolidarse como la región más competitiva del mundo mediante la integración de sus cadenas de valor.

Hoy, la relación entre México y Estados Unidos ha evolucionado hacia una interdependencia estratégica. No se trata solo de comercio, sino de producción compartida, inversión cruzada y cadenas de valor profundamente integradas.

Y en ese entramado, hay un actor constante: el sector privado.

Mientras las agendas públicas cambian, son las empresas quienes sostienen la integración en la práctica. Son ellas quienes asumen riesgos, generan empleo, impulsan la capacitación y fortalecen la competitividad regional.

Sin embargo, hay un aspecto crítico que suele quedar fuera de la conversación: la calidad de la integración hacia el interior del país.

No basta con atraer inversión. El verdadero reto es lograr que esta inversión permee en el tejido productivo nacional.

En este contexto, México no necesita explicar por qué es atractivo, sino demostrar que su ecosistema empresarial es sólido, confiable y capaz de sostener una integración incluyente y de largo plazo.

Aquí es donde las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs) cobran relevancia estratégica.

No son un componente secundario ni aislado: son la base operativa de la economía. En ellas se concentra gran parte del empleo, del dinamismo local y de la resiliencia productiva. Sin embargo, su participación en las cadenas regionales de valor sigue siendo limitada.

Y ahí se define el futuro.

Integrar a las MiPyMEs no es solo una política de desarrollo: es una estrategia de competitividad. Las cadenas de valor que incorporan proveedores locales son más resilientes, flexibles y eficientes. Pero, sobre todo, distribuyen mejor los beneficios del crecimiento.

En este punto, la responsabilidad social empresarial deja de ser discurso para convertirse en acción: competitividad con propósito.

Las grandes empresas tienen la capacidad, y la responsabilidad, de elevar el estándar de su ecosistema: profesionalizar proveedores, transferir conocimiento y construir relaciones productivas de largo plazo.

No se trata solo de sumar proveedores. Se trata de construir competitividad desde la base.

México tiene frente a sí una oportunidad histórica. La relocalización de cadenas productivas, su cercanía con Estados Unidos y su experiencia industrial lo colocan en una posición privilegiada.

Pero las ventajas, por sí solas, no garantizan resultados.

La gira de COPARMEX deja una lección clara: el interés existe, los aliados están y las oportunidades son reales.

Lo que marcará la diferencia será nuestra capacidad de construir un entorno en el que invertir en México no sea una apuesta, sino una decisión lógica, confiable e incluyente.

Integrar a las MiPyMEs no solo fortalece la competitividad, también contribuye a cerrar brechas, generar bienestar en las comunidades y construir un modelo de desarrollo más equitativo. En ese sentido, la competitividad regional y la responsabilidad social empresarial no son agendas separadas, sino dos caras de una misma estrategia de desarrollo sostenible.

Porque la competitividad no se declara. Se construye. Y se demuestra. #OpiniónCoparmex

*Rosa María Meneses: Consejera Delegada de Comunicación de Responsabilidad Social Empresarial de COPARMEX

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