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La transformación de la cultura empresarial en México: pieza clave del Plan México.

Artículo escrito por Alfredo Ortiz Becerril, Presidente de la Comisión Nacional de Empresarios Jóvenes de Coparmex | vía  @ElIndpendiente X:@AlfredoOrtiz92

El Plan México tiene como una de sus principales palancas de desarrollo el crecimiento y el aumento de la productividad de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas, mejor conocidas como MiPyMEs. Sin embargo, este segmento —que emplea a cerca del 70% del personal ocupado en unidades económicas del país— enfrenta un desafío estructural: más que crecer, muchas apenas logran sostenerse.

Los datos son contundentes: solo el 7% de estas empresas participa en exportaciones; su productividad es varias veces menor que la de empresas de mayor escala en países de la OCDE; y concentran la mayor parte del empleo informal en México. A esto se suman limitaciones en el acceso al crédito, baja generación de patentes y una débil integración a las cadenas de valor. Todo apunta a lo mismo: un ecosistema atrapado en una lógica de supervivencia. 

Recientemente, en una conversación con Juan José Sierra Álvarez, presidente nacional de COPARMEX, y Manuel Bravo, presidente del Consejo de Empresas Globales, tuve la oportunidad de profundizar en este fenómeno. Lo que esperaba fuera un contraste de visiones entre empresas globales y nacionales resultó ser una coincidencia clara: existe una necesidad urgente de transformar la cultura empresarial de las MiPyMEs en México.

Porque, en esencia, una empresa no nace para sobrevivir. Nace para resolver un problema, crear valor, innovar y mejorar la vida de las personas. Gran parte del mundo que hoy habitamos es resultado de esa capacidad empresarial de construir soluciones.

Cuando una empresa tiene claridad sobre el problema que busca resolver —cuando entiende su propósito—, herramientas como la capacitación, la digitalización, la vinculación con organismos empresariales o la participación en programas gubernamentales dejan de ser un fin en sí mismas. Se convierten en una consecuencia natural de una visión clara.

Pero en el modo supervivencia, nada de esto ocurre. Las empresas nacen con un objetivo distinto: mejorar las condiciones de vida de sus fundadores. Y aunque esto es legítimo, también representa una trampa. Una trampa que produce empresas desconectadas de cadenas globales, atrapadas en guerras de precios, enfocadas en reducir costos en lugar de crear valor y que terminan perpetuando un ciclo de bajo crecimiento.

Es una cultura que no impulsa evolución; apenas permite resistir. La pregunta inevitable es: ¿Cómo transformarla? La respuesta, coincidían ambos líderes, no es inmediata. Es generacional y requiere actuar en dos frentes: el presente y el futuro.

En el presente, la palabra clave es estabilidad. México necesita condiciones de certidumbre, reglas claras y confianza para quienes invierten y generan empleo. Sin este piso mínimo, cualquier intento de transformación cultural será frágil. 

Cuando otras prioridades desplazan el desarrollo económico y la atracción de inversión, el resultado es claro: más empresas atrapadas en la supervivencia y menos espacio para la innovación con propósito.

Pero el cambio profundo se construye hacia adelante.

Transformar la cultura empresarial implica sembrar desde las nuevas generaciones. Y esto requiere acciones concretas.

Durante la adolescencia, etapa natural de descubrimiento, es fundamental acercar a los jóvenes al mundo empresarial, no como una abstracción, sino como una posibilidad real de impacto.

Es urgente fortalecer las habilidades humanas. En un entorno donde la inteligencia artificial automatiza cada vez más lo técnico, la capacidad de colaborar, comunicar, liderar y adaptarse será el verdadero diferenciador.

La creación de empresas con propósito nace de individuos en constante desarrollo personal. Por ello, los sistemas educativos deben integrar con mayor profundidad contenidos de autoconocimiento, pensamiento crítico y desarrollo humano.

Frente a este panorama, iniciativas como Crece mi Negocio, impulsada por COPARMEX, buscan revertir esta dinámica al fortalecer capacidades empresariales, impulsar la digitalización y facilitar el acceso a herramientas que permitan a las MiPyMEs transitar de la supervivencia al crecimiento sostenido.

Finalmente, el liderazgo no se improvisa: se forma. Y aquí, la colaboración entre la academia y el sector empresarial es indispensable para construir ecosistemas que desarrollen talento con visión, disciplina y sentido de responsabilidad.

La transformación de la cultura empresarial en México no es un ideal aspiracional, es una condición necesaria.

Si queremos que nuestras MiPyMEs dejen de sobrevivir y comiencen a competir, innovar y crecer, necesitamos cambiar la raíz: la forma en la que entendemos la empresa misma.

Porque, al final, el verdadero motor del desarrollo no está solo en los planes, sino en la mentalidad con la que construimos empresas.

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