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Día del Niño, nada que celebrar.

Artículo de Opinión escrito por Paulina Amozurrutia | Consejera Delegada de Vertebración de Coparmex Nacional | Vía: Alto Nivel 

Twitter: @pauamozurrutia

Existen tres problemas que coyunturalmente han detonado una crisis grave para Niños, Niñas y Adolescentes.

Los niños y las niñas son el futuro de México o, mejor aún, son el presente de México. En cada niño nace, una vez más, la humanidad. Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla. La infancia es una etapa extraordinaria: no hay pasado, no hay futuro, solo un presente que se mira con inocencia e ilusión.

Todos son clichés que usamos para hablar de esta etapa de inocencia, espontaneidad y derroche de energía, que los adultos añoramos y que muchos atesoramos en nuestros recuerdos y también en nuestros hijos. Son clichés porque distan mucho de la realidad lacerante para las infancias en México y es un problema que inicia con nuestro desconocimiento.

Pero, ¿por qué se festeja el Día del Niño en México? ¿Qué es lo que motiva y da pie a esta celebración? ¿Hay motivos reales para celebrar este día en nuestro país y en general en el mundo? Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el objetivo de esta celebración es dedicar un momento a la comprensión de la población infantil y a realizar actividades para la promoción de su bienestar y de los derechos que tienen como seres humanos.

Los niños y las niñas son el futuro de México o, mejor aún, son el presente de México. En cada niño nace, una vez más, la humanidad. Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla. La infancia es una etapa extraordinaria: no hay pasado, no hay futuro, solo un presente que se mira con inocencia e ilusión.

No obstante, siendo serios y tratando de ser lo más realistas posible: en nuestro contexto actual, este Día del Niño no tenemos absolutamente nada qué celebrar. De hecho, claramente hay a simple vista, tres problemas que coyunturalmente han dado cabida a una crisis grave para Niños, Niñas y Adolescentes:

Primero que nada, hablemos de las consecuencias de la pandemia, que evidentemente no sólo fueron de salud. De marzo a junio de 2021, se registraron máximos históricos en materia de violencia familiar. En 2021 tuvimos más de 27 mil 772 delitos en contra de Niñas, Niños y Adolescentes, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en las que no se toma en cuenta la cifra negra, que llega a ser de más del 90 por ciento.

Segundo, el caldo de cultivo para la violencia sexual infantil en México es cada vez peor, pues tenemos el tercer lugar de violencia sexual infantil y el primer lugar en pornografía en el mundo. A esto se suma que, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, a nivel mundial, uno de cada 2 infantes de entre 2 y 17 años sufre algún tipo de violencia.

Se calcula que 21 mil niños son secuestrados anualmente en el país para explotación sexual infantil. Durante los primeros 11 meses de 2022 se registraron mil 116 asesinatos de Niños, Niñas y Adolescentes (NNA). En enero de 2023 se registraron 58 homicidios con arma de fuego de personas de entre 0 y 17 años en México (13 mujeres y 45 hombres). En siete de cada 10 casos de abuso sexual infantil, el agresor es un familiar de la víctima y 72% de los ataques ocurren en el hogar. Estos datos nos revelan el por qué la situación para los niños y, de forma aún más notable para las niñas, es cada vez más grave en nuestro México.

Y tercero, existe un claro debilitamiento dirigido hacia las instituciones que defienden a la niñez, como es el caso de SIPPINA, instancia hacia la cual el Ejecutivo Federal ha lanzado una iniciativa para desaparecerla y hacerla parte del DIF, lo que nos coloca en una inminente emergencia nacional para las infancias en México.

En efecto, no tenemos nada qué celebrar, porque en este mes ha quedado demostrado que a una buena parte de la clase política del país, no le importa la infancia. Probablemente es porque no votan o porque es difícil generar cifras o datos relevantes debido a la poca información que pueden dar veraz y estadística los niños.

Atender la problemática exige trabajar en dos vertientes:

  1. La erradicación de la violencia que, basada en una teoría desarrollada por la Dra. Elena Anaya, descansa en tres aspectos de fondo y consta en: la conformación del vínculo afectivo mediante un estilo de apego seguro, estilos de autoridad que conjunten firmeza y cariño, y una adecuada gestión de emociones mediante la educación socioemocional en escuelas, familias e instituciones.
  2. Establecer pautas para disminuir la violencia infantil, cobrar conciencia de las diversas manifestaciones de violencia en la niñez, facilitar políticas que hagan viable la integración de la vida familiar y laboral, garantizar la continuidad de las escuelas de tiempo completo a efecto de que los niños y las niñas permanezcan en un entorno seguro; promover una mayor conciencia y formación para los padres de familia sobre el uso de las redes sociales y exigir el cumplimiento de las penas establecidas para quienes atenten contra la niñez.

La decisión de transferir las funciones del SIPINNA al DIF es atentar contra el principio del interés superior de la niñez y transgrede lo establecido en la Ley General de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y la Ley General de Prestación de Servicios para la Atención, Cuidado y Desarrollo Integral Infantil. Esto significaría retroceder al menos 30 años en la garantía de los Derechos de los menores mexicanos. Esta propuesta se realiza sin ningún tipo de análisis y sin una valoración del impacto. Pone por delante únicamente criterios presupuestales y podría dejar en la indefensión a 38.2 millones de NNA del país.

Es evidente que los Niños, Niñas y Adolescentes no son prioridad para el gobierno actual. Es por eso que desde Coparmex hacemos un respetuoso pero contundente llamado al Presidente López Obrador para generar un Modelo de Desarrollo Inclusivo con un enfoque en la atención de la educación de la infancia y adolescencia que, como punta del iceberg, muestra un problema que tiene como sustento la falta de salud, de seguridad, de condiciones de nutrición y, claramente, la falta de un sistema institucional que permita que los niños y niñas vivan en un país seguro.

Lamentablemente, este 30 de abril lo decimos fuerte y claro: “no hay nada qué celebrar y sí mucho qué corregir”. Nunca es tarde para retomar el rumbo y generar condiciones de verdadero bienestar para la población que realmente es el fututo de nuestro país. Si no defendemos la inocencia de nuestros niños, no nos queda nada más qué defender.

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