Habemus Presidente

Autor: Valeriano Suárez Suárez

Ante un proceso electoral de gran magnitud -más de cincuenta y seis millones de electores- muy pronto, a eso de las ocho de la noche del primero de Julio, el candidato del PRI (José Antonio Meade) fue el primero en salir a anunciar el “humo blanco” reconociendo que las tendencias (encuestas de salida) no dejaban duda de que el ganador de la elección era Andrés Manuel López Obrador. Inmediatamente después, sus demás contendientes, autoridades y líderes de opinión confirmaban el mismo resultado y felicitaban al ganador.

En las horas subsecuentes y conforme se iban dando los resultados del PREP, fuimos testigos de un tsunami electoral llamado MORENA, que junto a sus aliados arrasó con casi todos los procesos electorales en las treinta y dos entidades del país.

Fue un día grande para la democracia mexicana, con un número de votantes que alcanzó casi el 64% del padrón electoral. Una jornada que se llevó a cabo sin muchos sobresaltos y, en casi todos los casos, en paz. Una verdadera fiesta de la democracia. Este debe ser el motivo más importante para celebrar. Sintámonos orgullosos de nuestras instituciones, especialmente del INE y de los muchísimos ciudadanos que organizaron ejemplarmente estas elecciones con más de ciento cincuenta y seis mil casillas instaladas.

Lo más trascendente ha sido el claro mensaje que la ciudadanía mandó a la clase política: padecemos de vivir en un país donde las autoridades son omisas, partícipes y permisivas con el desvío de recursos públicos y sufrimos de enormes índices de impunidad ante la complacencia y complicidad de quienes deberían de procurar la justicia, pero en las urnas, utilizando el poder que la democracia otorga a los ciudadanos hemos demostrado nuestra intolerancia hacia la corrupción y la impunidad. Como muestra irrefutable de ello están los resultados obtenidos por el PRI (partido identificado con la corrupción por antonomasia). Un dato sirve para acreditar el terrible desenlace del Revolucionario Institucional en las urnas: aquel partido, otrora hegemónico, quedo desplazado al quinto lugar en la próxima legislatura de la Cámara de Diputados. Esto es; tendrá menos diputados que Encuentro Social, partido que se dirime ante la coyuntura de perder su registro.

La contienda electoral no es un concurso o un torneo que ofrece una corona de laureles para el vencedor. El sufragio no es un fin en sí mismo, sino un medio para elegir a nuestros servidores públicos. No es –todavía- ocasión para vitorear a los ganadores. Lo fundamental resulta a partir del momento en que el mandato cobre vigencia: se trata de dirigir, de manera acertada, los destinos de un país que se asume democrático y republicano, que defiende las libertades y que apela por conducirse hacia el pleno estado de derecho. Habrá momento para reconocer a los elegidos cuando en el ejercicio de sus funciones se confirme su habilidad en la retórica.

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