Seguridad Pública: La reconfiguración

Autor: Gustavo A. de Hoyos Walther

Desorden y falta de coordinación. Con estas dos palabras podría haberse descrito el funcionamiento de las instituciones cupulares responsables de la seguridad pública al final del sexenio 2006-2012.

Sin importar que la seguridad fuere entonces preocupación diaria y tema primario del discurso presidencial, esa realidad se traducía en indicadores negativos de la gestión gubernamental.

Ello derivó en que al principio de la actual administración se realizare un reagrupamiento de las responsabilidades y competencias en el ámbito de la seguridad pública federal. El recién llegado a Los Pinos propuso al Poder Legislativo la desaparición de la Secretaría de Seguridad Pública y la concentración de sus funciones en la Secretaría de Gobernación.

Un diagnóstico erróneo de la problemática condujo a un diseño institucional inadecuado. Así, el titular de la Secretaría de Gobernación vio llegar con el año 2013 nuevas responsabilidades a su ya amplísima responsabilidad. Desde el Palacio de Bucareli debió atenderse, y pronto, la más importante problemática del País, a saber la seguridad pública.

Desde luego, ello sin demérito de continuar con la coordinación del gabinete; la relación institucional con las dos cámaras del Poder Legislativo Federal; la vinculación política con los Gobernadores y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México; la relación institucional con Partidos Políticos e Iglesias y desde luego la conducción de las políticas nacionales en materia de derechos humanos, población, migración, juegos y sorteos y de Protección Civil.

Es evidente que más allá de los perfiles, capacidades y compromiso que hayan tenido, posea el presente o con el que puedan contar en el futuro, los titulares de la Secretaría de Gobernación, el tramo de control es demasiado amplio.

Las responsabilidades desbordan a la institución y quienes la encabezan, superando el empeño de un funcionario para hacerles frente.

Por ello, hay que destacar que hoy los cuatro candidatos presidenciales hayan reconocido que México necesita una Secretaría de Estado con un mandato único para hacerse cargo de la creciente problemática de la inseguridad.

La Coparmex ha venido planteando, desde hace más de 2 años, que los desafíos de la creciente inseguridad en el País no aceptan otra alternativa.

Desde luego que la mejora en la inseguridad no tiene soluciones mágicas, ni los resultados serán espectaculares, ni de corto plazo.

Pero como toda gran obra, hay que iniciar por los cimientos. Por el diseño estructural adecuado.
Si en este tema ya hay coincidencia en todas las formaciones políticas, incluso en le período de campañas, la pregunta obligada es ¿para que esperar más?

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